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dilluns, 6 d’abril del 2015

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LA FÁBRICA DE LOS SUEÑOS



Había una vez una niña muy curiosa llamada América en la ciudad de Conil. En su ciudad había una calle muy especial llamada Magia, no era especial por el nombre de esa calle sino que era especial por lo que contenía una de esas casas y lo que pasaba en un edificio viejo antiguamente un colegio.
El alcalde de ese pueblo junto a más gente habían decidido derrumbar esa calle ya que no estaba habitada, para construir un gigantesco centro comercial, con su respectivo parking y con una vía de tren que lo uniera con los pueblos de los alrededores  y con el aeropuerto más cercano para atraer al pueblo turistas y así él poder ganar más dinero. América tenía unos amigos tan divertidos y curiosos  como ella, todos ellos formaban una pandilla fantástica. La verdad es que América era muy guapa, tenía el pelo castaño claro, con ondulaciones y largo con los ojos azules, grandes acompañados de unas pestañas largas y preciosas. La verdad es que muy alta no era pero estaba tan flaca como un palillo.
Un día a América a la salida del instituto se le ocurrió pasar por esa calle para ver otra vez las casas. Cuando pasó por allí vio que en una casa entraba una señora mayor y se dejaba la puerta abierta, como era tan curiosa entró para verla. Cuando entró no pudo ver nada ya que estaba todo oscuro, pero de repente de la nada apareció la mujer mayor. La mujer mayor le dijo:
-      ¿Por qué has entrado aquí? Esta es una propiedad privada y tú no puedes entrar.
-      Buenas soy América. He entrado porque soy muy curiosa, y me gustaría conocer los interiores de estas casas porque creo que no es justo que las derrumben porque creo que son muy bonitas y tienen su historia, aunque nadie las habite actualmente. A mi la verdad es lo de la construcción del centro comercial no me parece una buena idea, porque si lo construyen todo el comercio que hay por el pueblo morirá. Encima esta ciudad se hará más ruidosa y peligrosa, y hoy por hoy está muy bien tal y como está.
-      Bueno si muchacha yo también comparto tu opinión pero tienes que salir preciso de esta casa, porque no la puedes ver. –Dijo la mujer-.
-      ¿Y eso...?
-      Esta casa esconde secretos que nadie nunca tiene que saber.
-      Y, ¿cuáles son? Yo sé guardar muy bien secretos de verdad por favor cuénteme esos secretos, por favor.
-      Lo siento hija, pero te tendrás que aguantar tu curiosidad, salir de mi casa y no molestarme más.
Al final América tuvo que salir de esa casa sin poder ver nada, ni averiguar ningún secreto. Durante una semana estuvo acechando a la mujer pidiéndole entrar y saber los secretos y durante esa semana la mujer naturalmente le dijo que no. Hasta que un día la mujer harta de la niña le dijo:
-    Como veo que nunca te vas a cansar te dejaré entrar y te contaré la historia de esta casa y de la calle.
Las dos entraron a la casa. La mujer antes de encender la luz cerró la puerta y la aseguró cerrándola con llave. América todo eso lo veía raro, porque no entendía porque la mujer se aseguraba tanto de que nadie viera lo que había en el interior de esa casa. La mujer por fin encendió la luz y a América se quedó decepcionada por lo que veía. Solo habían grandes paredes de color gris y toda la casa tenía un aspecto muy triste. Era como si en muchos años nadie se hubiera hecho cargo de la casa. Pero antes de que América pudiese preguntar nada o si quiera hablar, la mujer le dijo:
-      Como ya habrás podido contemplar esta casa no tiene nada especial que puedas ver. Pero como toda casa y objeto, tiene una bonita historia y como veo que estás interesada por esta casa y calle te la voy a contar. Pero para contarte la historia de esta casa también te tengo que contar la historia de la niña que forma parte de ella.–Continuaba hablando, mientras América intentaba contener sus ansias por saber las historia de la niña y la casa- Esto era hace muchos, muchísimos años en este mismo había una niña llamada Casandra. No vivía en este pueblo sino que vivía en un pueblecito muy pequeño, que actualmente no existe llamado Carcassonne. Como aquel pueblo era tan pequeño la niña tenía que venir a este pueblo al colegio. El colegio de este pueblo era el edificio ese abandonado que hay allí, que no quedan muchos restos de él ya que hubo un incendio y todo se quemó.
-      Em. sí creo que sé de cual me estás hablando. ¿Pero ese edificio como iba a ser un colegio si no tiene ni una aula, ni ningún resto de sillas…? –Preguntó extrañada Casandra-.
-      Bueno es que la verdad es que ese colegio no era un colegio como los de ahora. Ahora estudiáis muchísimo y de una forma que os aburre en seguida. Pero este pueblo en concreto tenía un colegio muy especial. En ese colegio no hacíamos exámenes, ni tampoco estudiábamos, ni hacíamos la mayoría de cosas que hacéis hoy en clase. En ese colegio para sobrevivir debíamos pasar duras pruebas, desafíos… Nuestro colegio era un colegio que tenía como atracciones basadas en un parque de atracciones de agua, interiores y exteriores y créeme cuando te digo que las pruebas eran muy duras. La verdad es que combinában pruebas de agua con pruebas académicas y aunque parece fácil, no lo era.  Tenían piscinas, no de mucha profundidad con obstáculos de por medio que tenían que esquivar porque si no perdían puntuación, que la puntuación se veía cada semana. Quien estuviera entre los diez últimos recibía castigos no imaginables. Pero bueno tú no has venido a oír todo el rollo de lo que pasaba en el colegio, así que no me entretengo más y empiezo ya con la historia de Casandra y esta casa. Como ya te había dicho Casandra vivía en un pueblo cerca de éste pero sus padres y ella estaban mirando casas donde poder mudarse en este pueblo. En el colegio donde Casandra iba había una profesora llamada  Minerva que tenía una casa en esta calle y quería venderla, como se había enterado de que la familia de Casandra estaba buscando una casa donde vivir le dijo a Casandra que si querían ese mismo viernes de esa semana les podría enseñar la casa y hablar del precio, ese viernes a la una y media. Como Casandra debía de ver también la casa, tuvo que cometer una infracción y saltarse una de las pruebas para poder salir de allí antes y llegar a la hora de la cita. Cuando faltaban unos diez minutos sus amigas la ayudaron a salir sin que nadie se diera cuenta. Se fue corriendo hacia la casa, antes de que nadie la pudiera ver. Cuando llegó a la casa Minerva la estaba esperando en la casa y le preguntó: “¿le has dicho a tus padres que hoy iba a enseñaros la casa?”. Casandra se dio cuenta de que sus padres no estaban allí porque no les había dicho que ese día tenían que ir junto a ella a ver la casa que Minerva les iba a enseñar. Entonces le dijo: “lo siento pero es que se me ha olvidado decirles a mis padres que tenían  que venir junto a mí a ver la casa. Pero si quieres me la puedes enseñar a mi”. Minerva dijo que no pasaba nada que ya se la enseñaría otro día a sus padres. A Casandra la verdad es que la casa por fuera ni le disgustó ni le encantó, era una casa normal y grande. Por fuera la casa era de color verde hierba, con tres plantas y tres grandes ventanales en cada una. En una cuarta planta considerada más como a guardilla de decoración habían una especie de tuercas gigantes que estaban todo el tiempo en movimiento. La verdad es que todas las casas de esa calle eran igual por fuera, pero la verdad es que esa casa en especial tenía algo inusual en su interior que nunca nadie ni nada se hubiera podido imaginar.
Cuando entraron Casandra no vio nada porque todo estaba oscuro. Minerva antes de encender la luz le dijo: “esta casa es especial, nada de lo que ni tu ni nadie podríais imaginar. Por lo tanto, cuando salgas de aquí no podrás decir nada de lo que has visto a nadie porque si no te tratarán como a una loca. Así que tú decides lo que quieres hacer si crees que no vas a aguantarte de poder decir la verdad, más vale la pena que no veas lo que vas a presenciar a continuación y si crees que no se lo dirás a nadie pues te puedo enseñar la casa”. Casandra le dijo: “le juro que me puede enseñar la casa que no le diré a nadie lo que vea aquí dentro”. Cuando Minerva oyó eso suspiró y le dijo está bien, y de repente se encendieron todas las luces. A Casandra se le iluminaron los ojos al ver todo eso. No podía creerse lo que veía habían pequeños ositos de peluche vivos por la casa. Eran pequeños y cada uno de colores distintos, tenían una cara muy dulce. La casa era aún más grande de lo que se veía por fuera. Era de muchos colores y parecía que estuviera hecha de golosinas y de todo tipo de dulces. No tenía escaleras para pasar de planta a planta el único medio que permitía pasar de planta a planta era un tren de chocolate que iba a grandes velocidades tanto para subir como para bajar de planta. Esa casa aparte de tener seres fantásticos, también tenía una cosa muy especial en una parte secreta de esa casa había una gran fábrica de juguetes para niños es por eso que también en gran parte de la decoración de la casa habían muchísimos juguetes de plástico, de madera… Casandra y Minerva vieron toda la casa: la cocina que tenía fuentes de zumos de diferentes sabores, hornos que fabricaban golosinas, dulces… (comida saludable también); habían prados hechos de césped de regaliz, manzanas de azúcar, flores de fondant, nubes de algodón de azúcar, incluso ríos de chocolate. En aquella casa se podía crear cualquier paisaje comestible que el propietario quisiera, además de que siempre el propietario podría tener con quien jugar ya que igual que habían ositos de peluche vivientes, en la fábrica de juguetes se podía crear cualquier cosa que alguien imaginara igual que personas. Aquella fábrica era mágica porque creaba cualquier cosa tanto un paisaje de golosinas como una persona de carne y hueso. Aquella fábrica se llamaba la fábrica de los sueños. Cuando Minerva le enseñó toda la casa, Casandra le dijo: “Yo tengo una pregunta si no puedo contarle esto a nadie, ¿a mis padres que les tengo que decir?” Minerva le hizo un gesto como para que se sentara y se sentaron las dos, y le dijo: “la verdad es que al haber accedido a ver esta casa no puedes salir de ella, recordando todo lo que has visto en esta casa. Antes de que preguntes, como esta fábrica fabrica de todo hay un aparato que tiene la capacidad de borrar la memoria a las personas. Si tu quieres acordarte para siempre de lo que has visto deberás de permanecer para toda la vida en esta casa, sin tus padres sola reinando este mundo de golosinas y juguetes. La verdad es que tú has tenido la opción de entrar en esta casa porque has sido la elegida. La elegida es la persona que en su destino esta puesto que tiene que reinar el mundo del la fábrica de los sueños y eso pasa cuando la mujer que reinaba se pone enferma o mayor y ya no tiene la capacidad de poder reinar este mundo. Y no ha sido una casualidad que yo fuera tu maestra si no que yo era la elegida pero como estoy enferma he tenido que buscar a la elegida, y esa has sido tú. Te dejo un tiempo para que te lo pienses y tomes la decisión que tomes no te juzgaré.” Al cabo de unos minutos dijo “¿Antes de tomar una decisión me gustaría saber que va a pasar con mis padres? ¿Y yo que tendré que hacer para gobernar este reinado?” Minerva le contestó: “Tranquila no te agobies antes de hora. Con respecto a ti y a tus padres se les enviará una niña con tu imagen creada y diseñada desde esta misma fábrica y no se darán ni cuenta de tu ausencia porque será igual que tú. Y después con respecto al reinado, el oso grande te lo explicará todo y seguro que lo harás genial. Finalmente, Casandra decidió quedarse y la verdad es que durante muchos años vivió una vida muy buena gobernando todo ese reinado. Ese reinado no solo consistía en la casa de en la que habitó y conoció primero, si no que el reinado estaba formada por todas las casas de la calle Magia. Conectadas mediante túneles subterráneos y puertas que formaban el reinado. Y esta es la historia de esta casa y esta calle.
-      ¿Pero al final que pasó con Casandra y con Minerva?
-      La verdad es que Minerva desapareció al Casandra ser coronada reina. Y sobre Casandra…
-      ¡Qué, qué le pasó! No le pasaría nada malo ¿no?
-      Bueno yo no me he presentado. Me llamo Casandra y soy la reina de este reinado. Y como un día le dijo Minerva a Casandra tu eres la elegida y si quieres puedes reinar este mundo.
-      ¿Lo dices de verdad?
-      Sí, con las mismas condiciones que Minerva me impuso un día.
América al final tomó una decisión y esa fue la misma que tomó un día Casandra. Fue quedarse a reinar ese reino. En el mismo momento en que dijo que sí la casa y todas las demás empezaron a cambiar de aspecto y  volviendo al aspecto de antes. La fábrica empezó a funcionar y toda la casa volvió a tener color. Casandra antes de desaparecer le dijo:
-           Por cierto con respecto a lo del alcalde y lo de la demolición, eso es todo falso. Hicimos un montaje para atraerte aquí y que pudiera contarte que tu eres la elegida. Y una vez más la historia se volvió a repetir.



dijous, 2 d’abril del 2015

Siempre la misma historia


Era una mañana de sábado. Habitualmente estaba sólo en casa con mi madre, una mujer bajita, rellenita, con pelo castaño y mechas. Me levante sobre las nueve y media de la mañana.

-¿El papa aún no a llegado ? -le  pregunté a mi madre.
  -No, aún no ha venido -me dijo-, no se donde estará.
-Tengo un mal presentimiento –le dije.
-Yo también.
-Mamá, ayúdame a recoger la habitación.
-Venga, tira –me dijo con tono de cabreada.

Mientras mi madre estiraba las sábanas yo iba recogiendo los trastos.
Primero estiró las sábanas y luego las metió mientras yo ponía las cosas en las estanterías.

-Mamá, y ¿no estará en el bar de la tía?
-No, no creo –dijo ella.

Ella siguió haciendo la cama y yo recogiendo la habitación. Cuando acábamos apareció mi padre, un hombre alto y delgado con bastante carácter, pero en el fondo buena persona.

-Tú -le dijo mi madre- ¿Dónde estabas ?
  • ¿Tú que crees? -le dijo con tono de mofa.
Estábamos en el salón, un espacio grande con un sofa y una gran televisión.

-Es que siempre estás igual -le dijo ella.
-Yo con mi dinero hago lo que me sale de los cojones -dijo él- si no, trabajar vosotros.
-Siempre haces lo mismo -le repetí yo con un gesto de suspiro- si no cambias tu actitud tendrás que buscarte otro lugar donde vivir. 
-Me largaré si me da la gana –dijo.
-Ahora ¿qué comemos toda la semana? -le pregunté.

Mi madre ya desesperada se puso a llorar y a mí me supo mal. 

- Ya veremos lo que comemos -la miré- tú no te preocupes.

Mi padre buscaba pelea con mi madre. Se abalanzó sobre ella para pegarle y me metí por medio.

- ¿Qué coño haces? -le dije.
-Déjame que como la pille... 

Yo le pegué un empujón.

-Ya te puedes ir a la cama -le dije gritando.

Él se levantó e hizo lo que le dije.
Su habitación era oscura y grande, con una cama de matrimonio y dos mesitas de noche.
Entré a la habitación y le dije que cuando se levantara ya hablaríamos.
Mi madre puso una sartén con aceite de oliva y echó unas patatas; cuando ya estaban hechas las sacó e hizo los huevos.
Cuando nos pusimos a comer salió mi padre de la habitación.

- Tú ya puedes sentarte -le dije-. Esto se ha acabado. Como vuelvas a gastarte el jornal tendrás que buscarte otra casa.
– No te preocupes -me dijo con voz arrepentida- no volveré a pisar el bar. 
-A ver si es verdad –le dijo mi madre con voz dolida y sin mirarlo. 

Cuando acabó el dia, sentados en la mesa para cenar, entre risas y comentarios alegres, me di cuenta que lo que había sucedido a mediodía era ya agua pasada.

dimarts, 31 de març del 2015

Una historia cualquiera


Vuelvo a casa un día cualquiera después de terminar la universidad. Como, hago los deberes, me pongo el pijama. Leo. Me duermo. Sueño cosas preciosas, cosas preciosas que nunca ocurrirán en la vida real. Me gustaría.
Me vuelvo a dormir. Esta vez, está todo oscuro, no sueño nada…
Me despierto con una agradable sensación, me quedo en la cama tumbada, intentando recordar esos sueños. Pero, me resulta imposible ya que me olvido cuando entra Droplet. Mi border collie; es preciosa, su color blanco avainillado, con pequeñas manchitas marrones. Una de ellas, con forma de gota - que de ahí viene su nombre - está alrededor de su pardo ojo izquierdo.
-¿Cómo  está  mi chica?, venga -le digo-, seguro que  tienes  las  mismas ganas de almorzar que yo - mientras, la acaricio lentamente pensando qué preparar -.Vamos.
            Entre tanto, doy de comer a mi peluda compañera de piso, le pongo en el bol su desayuno y voy directamente a hacerme el mío. Por supuesto, me he lavado las manos antes.
            Normalmente, me apetecería un tazón de leche con cereales. Hoy no. Creo que me voy a hacer un zumo de naranja. Y tostadas; para variar un poco de vez en cuando.
            Mientras como, enciendo la televisión para ver las noticias. Normalmente no tengo mucho interés  por ellas, pero me llama la atención  que anuncien mi barrio. La chica que lo anuncia, va vestida muy extraña, extravagante y singularmente:  un vestido morado, con adornos amarillos y verdes. Zapatos naranjas y unas pulseras azules; no se quién la ha vestido, pero no estoy muy de acuerdo.
-Ha habido cuatro atracos en una semana, dos de ellos en la calle 42. Falleció con heridas muy graves un dependiente - me doy cuenta de que está hablando cuando acaba de dar la noticia. Estaba ensimismada y no es que me haya enterado de mucho, y decido buscar esa noticia por Internet.- que intentaba proteger sus ganancias. La familia está muy afectada - apago la tele, no me entretengo más.
Cuando acabo, limpio los platos sucios y me dirijo hacia mi habitación. Allí me visto, hago la cama y salgo al baño a peinarme. Como hace un buen día, decido salir a pasear con Droplet.
Nada más salir, nos encontramos con un perro que me resulta muy familiar.
            -¡Bonito, vuelve aquí, no quiero que te pierdas!
-Shh, Droplet, solo es un perro, no le ladres.
-Bonito… - ella me ve, está alta, pero su cara sigue igual. Me mira con una cara extraña, será que tengo la cara desencajada de la ilusión. ¡Hace tanto tiempo que no la veía! - ¡Light!, ¡Light!
-¿Lucy?, ¡Lucy!  - exclamo -, que alta estás - mientras lo digo, voy pegando saltitos de la emoción -, ¿tú también vives aquí?
-Oh, venga Light, solo han pasado dos añitos de nada, seguro que no ha sido para tanto.
-Aix, tan singular como siempre; pues sí, te he añorado.
-¿Seguro?
-Sí, incluso he llorado por tu desaparición. No, en realidad he estado fuera. Ya hace un mes que vivo aquí  ¿Y  tú?
 -Yo hace seis meses que me instalé aquí. Surgió trabajo, y vine. Actualmente, el trabajo que tengo es desde casa.
-Pero si trabajas con tu ordenador en casa, ¿por qué te mudaste?
-Por necesidad. Por necesidad y por dinero. Pero bueno, ¿tu estás bien?
-Sí - contesto sin más. En realidad, no me va tan bien. Tengo la familia al otro lado del continente. Espero ir a visitarla pronto-.
-Yo tam0bién.  Es  lo  que  cuenta.  Y  bueno,  yo  me  despido. - Parece  intranquila,  no  sé,  tiene  la  mirada  como…  perdida -  ¡Hasta  luego!
-¡Adiós,  disfruta  del  día!  - No  me  voy  tranquila,  pero  el  día  mejora  a  cada  hora  que  pasa-,  vamos  Droplet,  continuemos.
            Luego,  todos  los  días  eran  así.  Levantarse,  desayunar,  vestirse,  asearse,  ir  a  clase,  estudiar,  volver  de  clase,  comer,  pasear  a   Droplet,  etc.  Hasta  la  navidad.  Siempre  se  oían  disparos  por  las  noches,  por  suerte  solo  eran  bolitas  de  plástico.
            En  la  universidad,  propusieron  hacer   un  viaje  de  fin  de  curso.
            Cuando  volvimos,  había  policías  por  todas  partes,  y  sus  coches  no  nos  dejaban  pasar,  así  que  nuestro  profesor  bajó  del  autobús  para  saber  que  pasaba  y  para  pedir  a  los  agentes  dejarnos  pasar.  Su  conversación  empezó  muy  educada  y  muy  formal,  un  compañero  del  policía,  se  acercó  y   susurró  algo  a  la  oreja  a  su  amigo.  Este,  inmediatamente,  pegó  una  bofetada  a  nuestro  profesor  y  le  puso  las  esposas.  Estábamos  asustados.   No  sabíamos  lo  que  pasaba.
            -No  salgan  de  sus  casas,  si  lo  hacen,  están  muertos.  No  comprendemos  qué  está  pasando, solo sabemos que es algo muy malo, hay personas con capuchas y pasamontañas negros. Llevan armas - Recuerdo esa noticia como mi propio nombre, no hace mucho que la he escuchado. No sé dónde estoy. En mi casa, está claro que no -. Mucho cuidado.
            Alguien me lame la cara y yo me tengo que apartar porque me molesta. Al sacar el brazo de la manta, noto pelo.
-¡Droplet! -Mi peluda amiga, me vuelve a mojar la mejilla con su baba. -, ¿qué ha pasado,?, ¿dónde estamos?
Al levantar la vista, veo un montón de cuerpos tirados por el suelo - igual que yo - son mis compañeros. Empiezo a oír susurros, estamos atrapados. Alguien nos debía de haber llevado hasta allí sin esfuerzo. El autobús. Caigo enseguida en lo que ha pasado. Esos policías nos buscaban. Nos querían para algo.
-Chicos y chicas, estáis aquí, y estáis asustados, lo sabemos - de fondo se oye a alguien que pregunta qué significa <<sabemos>>. ¿Es que hay alguien más?  - y por eso he venido a explicaros qué pasa.
Me pregunto por qué tengo conmigo a Droplet. Yo me la dejé a salvo, en casa. ¿Habrán localizado mi hogar? Seguro. No la tendría aquí si no fuera por eso. Pero no lo entiendo. ¿Porqué me la han traído?
Dos días más tarde estoy en una habitación del hospital. Droplet está en la camilla contigua. Me levanto, la cojo y salimos a la calle. Voy dando tumbos hasta llegar a mi casa. Una vez allí, rebusco entre cajones y miro si falta algo. Entonces, alguien entra por la puerta. Lucy.
-¿Cómo has entrado?
-Te has dejado la puerta abierta - contesta mientras la cierra. No me había dado ni cuenta -. ¿Qué está pasando?
Yo no la oí, iba a la mía, buscando y recopilando previsiones, ropa, comida, la comida de Droplet y por si acaso, mi teléfono. Me dirijo hacia la entrada cuando Lucy me asió por el brazo.
-Light, Light, tranquilízate, ¿vale?, respira. A ver, cuéntame  exactamente qué te ha pasado. Te he visto por la calle caminando en un vaivén hasta tu casa.
-Suéltame.
-No. No hasta que me cuentes lo que ha pasado.
-Vale, vale, uf, es una larga historia. De acuerdo, a ver - intento relajarme, pero no puedo, no puedo.  Porque sé lo que está pasando.-, nos fuimos de excursión de fin de curso de la universidad. Cuando volvimos unos policías no nos dejaban pasar, así que nuestro profesor, salió del autobús para pedirles que se apartaran. Uno de ellos, dijo algo al que hablaba con nuestro profesor. Luego arrestaron a nuestro tutor y de  repente nos encontrábamos en una especie de fábrica, todos en el suelo - Lucy me miraba atentamente, esperando a que le contara la siguiente escena -  luego oí como una noticia que no paraba de sonar en mi cabeza. Decía que no teníamos que salir de nuestras casas, que si salíamos, estaríamos muertos. Había hombres vestidos con pasamontañas y, y… y capuchas de color negro. También dijo algo de que también tenían armas. Armas de fuego. Yo estaba muy asustada, mareada e indefensa - ahora en la cara simpática de mi prima, se plasmaba la incredulidad, no se lo creía  -  Ahora, ¿me sueltas?
Ella me suelta y se sienta al borde de un sillón rojo chillón, con dos cojines blancos con encaje dorado.
            -De acuerdo - se limita a decir. Se levanta, da tres vueltas a la habitación y se vuelve a sentar.
            Estamos en mi comedor. Tiene unos colores pastel muy bonitos. Verdes, rosas, morados… con ventanales tapados por cortinas blancas casi transparentes. Por ellos, entran los rayos del sol intensamente. Tengo un sofá rococó de un color blanco brillante. En una esquina, hay un diván color crema, esperando a que alguien se siente encima. Mi prima pasa de ese sillón color rojo chillón que parece desencajar en esta habitación, a uno orejero. Tiene detalles marrones bordeando sus formas. Las patas son del mismo color. En el centro de la habitación, hay una mesa minimalista, blanca, como casi todo lo demás. Estamos esperando a nuestros amigos, les hemos llamado para pedirles ayuda. Seguramente estarán de camino. Mientras, encendemos la televisión y ponemos las notícias, ahora mismo están haciendo anuncios, por lo tanto, no sabemos si han descubierto algo de lo que ha pasado.
-Están aquí -dice mi prima-, ahora vengo.
-¿Cómo lo sabes? - pregunto.
-Me han mandado un mensaje.
-Ah - en ese momento, suena el timbre - pues bueno, ves.
            Se oyen voces en el pasillo, entonces entran con mi prima. Drumplet, que estaba a mi piernas, ha ido a saludarles.
-¡Hola Light!, ¿nos necesitabas? - dice Charles, es un tipo alto, con ojos marrones, pelo rubio y rizado.
-Os necesito - Le corrijo.
-Mmm…- vacila - de acuerdo, dinos que quieres que hagamos y, bueno, lo hacemos.
-No, no se trata de… hacer y...y ya está - me explico. En realidad, no tengo todavía claro que vamos a hacer -. A ver, de momento, nos vamos a quedar en casa. No sabemos que está pasando, por eso hemos puesto las notícias, para averiguar algo, pero, por lo visto, un anuncio de crema para reducir arruguitas no creo que nos ayude. Podemos quedarnos, si hace falta, aquí a dormir. Hay tres habitaciones, somos seis: Jack, Eric, Charles, vosotros dormís en la habitación que da a la izquierda después de este pasillo. Bea, Lucy y yo, dormiremos en mi habitación; allí tengo un sofá-cama. Bueno, ahora podéis hacer lo que queráis hasta que anochezca.
            Al día siguiente, decidimos salir hacia la carretera.
-Por cierto, ¿dónde tienes pensado ir?
-Ummm -Creo que no se que decir, así que hago que me diga sitios al azar y yo poder decidir donde ir- Adivinalo.
-No se… ummm… ¿A la cafetería Coofee & Cookies? -de acuerdo, vayamos allí. Es un sitio relajado y apartado de la ciudad. Justo donde necesitamos.
-¡Exactamente! Que rápido has sido -disimulo-, ¡como un rayo!
-Ya lo se, es talento natural -se burla Eric.
-Basta ya de tonterías -Jack se asoma por detrás de los últimos asientos del coche de Bea-, tenemos trabajo. Además, ya tenemos bastante con el tráfico...
-De acuerdo -decimos todos al unísono. Eso desata unas carcajadas y risotadas que resuenan por todo el vehículo.
-Esperad, esperad, esperad - dice Lucy repetidamente, parece alterada- Bea, para el coche.
-De acu… ¿Pero qué?
            Hay un accidente a por lo menos a treinta metros de nosotros, así que nos acercamos lentamente. Dejamos el coche cuando estamos a quince metros y bajamos.
-Por favor apartaos- un agente nos corta el paso. Ya no me fío de estas personas. Ya no desde que le pegaron a nuestro profesor y nos encerraron en aquella fábrica sucia. Desde ahí, todo se volvió extraño, e inentendible.-, esta es una zona restringida.
-De acuerdo, pero dinos que pasa -le pregunta Charles al policía.
-Ha habido un accidente, ¿no lo ves?

Por el rabillo del ojo, vi una mujer de pelo rubio, y se parecía a ella…  Una lagrima se escapó de mis ojos. Le reconocí.

Cambios para el mundo

20 de junio. Madrid. Calor asfixiante. Fin de curso.
Vitalia sabe que debería estar celebrando la llegada del verano. Pero, sencillamente, no puede. No es porque vaya a echar de menos a sus compañeros de clase, ni mucho menos. Como mucho, añorará a sus amigos de toda la vida, que se van al pueblo donde ella solía veranear, hasta que llegó la crisis. Vita no se emociona con el buen tiempo, pues sabe que se va a pasar otro verano encerrada en su piso de la ciudad, sin aire acondicionado, como los últimos tres veranos.
Por ese motivo no quiere llegar a casa esa tarde. Va andando por la calle bajo un sol de justicia con las notas en la mano. Tiene unos resultados normales, es una más del montón. Aún le queda un kilómetro hasta su casa, así que entra en una tienda. La atiende un chico sudamericano. Entonces, detrás de él, ve un cartel:

Se buscan voluntarios para un campamento experimental en Gales (Reino Unido)
Interesados ponerse en contacto con:
Tlf:447878030876  E-mail: expcamp@gmail.com


Vita se atraganta con el agua que había empezado a beberse y le pregunta al encargado:
      -     ¿Perdona, tienes información sobre ese campamento?
No, pero puedo explicarte de qué se trata. Es una nueva idea de campamento, ya que es como trasladarse a la Edad Media. Los participantes pasarán dos semanas como si hubiesen retrocedido en el tiempo. Los gastos del viaje corren a cargo de la empresa y la única cosa que hay que pagar es el billete de avión.
El encargado también le da una hoja informativa y Vita retoma el camino hacia su casa. Es una oportunidad única y va a intentar aprovecharla.
   Un cuarto de hora más tarde ya está contándole a su madre lo del anuncio. A ella le parece muy buena idea, hasta que llegan al punto del billete.
Vita, sabes que tu padre y yo te queremos mucho, pero no podemos pagar el billete. Con los estudios de tu hermano y los gastos mensuales, no podemos permitirnos nada más. Lo siento.

Vita se va enfurecida a su habitación. Ella no tiene la culpa de que su padre perdiese  mucho el dinero en el juego. En ese instante, se le ilumina la bombilla. Tiene un poco de dinero ahorrado y, si no es suficiente, puede decirles a los del campamento que se lo adelanten y ella trabajará en el campamento como recompensa.

21 de junio. Madrid. Cielo nublado. Mismo calor asfixiante que el día anterior.
 Vita llamó ayer al número del campamento. Ella tiene un nivel de inglés aceptable. Le dijeron que quedaban pocas plazas para el campamento y ella también les comentó lo del billete. Al principio fueron reacios, pero después le dijeron que si les enviaba un certificado de la renta de sus padres, hablarían.
Los padres de Vita finalmente la apoyan y envían el certificado.
22 de junio. Madrid. Día soleado. Corre un poco de brisa.
Los del campamento explican sus condiciones. Vita deberá ayudar en las cocinas a preparar todas las comidas del día, sin excepciones. En breve, Vita recibirá una carta con el dinero para el billete.
El verano, poco a poco, va arreglándose.

29 de junio. Cardiff. Día nublado. Hace un poco de frío para ser verano.
Ha pasado una semana y Vita, aún sin creérselo, acaba de aterrizar en Cardiff (Gales). A continuación ha cogido un tren que se dirige a Conwy, la ciudad medieval más famosa de Gales, y en la cual se encuentra el campamento. Durante el viaje, Vita va observando el paisaje verde y exuberante de los prados galeses.
Por fin, unas horas después, Vita llega a la estación más cercana a Conwy.
Un monitor la está esperando. Le explica que va a acompañarla hasta el campamento. O eso cree haber entendido.
Suben en un bus y, en apenas dos paradas, vuelven a pisar el suelo.

Se han parado delante del castillo de Conwy. Vita busca con la mirada el hotel o albergue en el cual debe hospedarse, pero su monitor se dirige al castillo en ruinas. Vita acaba de descubrir donde va a pasar los próximos días.

30 de junio. Castillo de Conwy. Día nublado (otra vez) y con alerta por lluvias.
Ayer Vita se quedó un rato en la puerta, maravillada ante el espectáculo que percibían sus ojos. Era como si hubiese viajado en el tiempo, ya que a su alrededor habían montado un mercado tal y como debía ser a finales de la Edad Media. Había un herrero perfilando una espada, un zapatero arreglando las botas de un campesino, una señora vendiendo telas e hilos para nuevas prendas…

Vita observó que todos los campesinos que había comprando rondarían su misma edad. Ella siguió al monitor hacia la que iba a ser su habitación durante un tiempo. Se instaló y, más tarde, antes del anochecer, una chica llamó a su puerta y la acompañó hasta la cocina.

La cocina era en realidad una tienda de campaña marrón. Lo que no se
imaginaba Vita era que la comida también debía ser preparada como en la Edad Media. Así que tuvo que ayudar a preparar un estofado de ternera en una olla con una fogata debajo. Tardó varios siglos en hacerse.
Hoy se ha levantado a las cinco para cocinar gachas de avena, que serán el desayuno de sus amigos campesinos.
Seguidamente, todos los integrantes del campamento han ido a la costa, que está a solo un kilómetro a pie desde el castillo. Hoy van a subir en un antiguo barco medieval. La intención es aprender cómo se viajaba en esa época.
Los treinta chicos y chicas suben al barco, seguidos de los monitores y el capitán. Al poco rato la gente se dispersa y se dividen en grupos, mientras los monitores les explican las partes del barco y les enseñan los camarotes.

Cuando ya llevan tres horas navegando, el cielo se torna más oscuro y una densa niebla envuelve el navío. Vita huele un hedor en el aire y se desmaya.

Cuando despierta, Vita no sabe si han pasado minutos o horas, pero lo que sí sabe es que está atada de pies y manos a un mástil. Y que sus compañeros y monitores están en su misma situación.
-      Bueno, bueno, ¿pero qué tenemos aquí? Una panda de inglesitos vestidos de época y dándose un paseo por el mar. Y supongo que vendrán con carteras llenas de libras…-dijo un hombre con ropas de vagabundo y dientes negros como el tizón. Lo más sorprendente, es que sólo lo pudo entender Vita, ya que hablaba español.
Sus compañeros la miran con temor y súplica, ya que creen que es la única capaz de entenderse y razonar con él. Ella se armó de valor e intentó que no le temblara la voz cuando dijo:
Pues la verdad es que no, no llevamos ni un céntimo encima.
¡Anda, mira! Pero si tenemos a una españolita por el mundo. Sabes mejor que nadie que en España la vida es horrible; casi seis millones de parados y la situación no mejora. Nosotros robamos a los ricos que surcan estos mares con sus yates para poder sobrevivir. En España tenemos familias que alimentar.
Os entiendo, pero esta no es la manera. Volved a España e intentad cambiar las cosas allí. Es difícil pero no imposible. Sé que las cosas están muy mal, pero nada es eterno.
En ese instante, los ladrones, que parecen sufrir alguna deficiencia mental, se dan cuenta de que Vita tiene razón. Deberían intentar arreglar las cosas desde dentro, no hacer lo que les habían hecho a ellos antes con diferentes métodos. Vita los ha hecho reflexionar y, por ese motivo, dejan libres a todos los que van con ella.
Antes de irse, Vita les deja su e-mail y su número de teléfono, para cuando vuelva a Madrid. Espera poder razonar con esos ladrones y, por qué no, intentar arreglar el mundo.

3 de septiembre. Madrid. Calor asfixiante de nuevo.

Vita llega al bar diez minutos antes de la hora prevista. Se sienta en una mesa en la terraza y mira la pantalla del móvil para entretenerse. A los pocos minutos aparece un hombre con las mismas ropas de vagabundo que dos meses atrás. Vita lo invita a sentarse y ambos piden un refresco.

¿Y bien? ¿Cuál es tu plan genial para salvar el mundo? En el último mes y medio he dejado los mares, he vuelto a España y todo sigue igual.- constata el vagabundo.
Pues… verás, no tengo un plan que vaya a solucionar este problema rápidamente.- responde Vita.
Lo suponía.
Pero tengo una propuesta para ti.
Sorpréndeme.
Acaban sus refrescos y Vita paga la cuenta. A continuación ella le pide que la acompañe.
Caminan por las calles de Madrid hasta llegar  las puertas del hospital La Paz.

¿Por qué estamos en un hospital? ¿Acaso quieres que ingrese en psiquiatría?- pregunta de nuevo el vagabundo, que se ha pasado todo el camino haciéndole preguntas a Vita y despotricando sobre la situación de la sociedad española.
Tú solo sígueme.
Entran en el edificio y suben a la primera planta. Vita habla con la enfermera de la recepción y cuando acaban le indica el número de habitación, la 107. El vagabundo está perplejo, no sabe qué pretende Vita. Entonces entran a la habitación y ven a un niño sin pelo en la cabeza, de unos diez años, postrado en una cama de un blanco inmaculado.

¡Hermanita! - grita el niño, emocionado.
Vita corre hacia la cama y se funden en un abrazo.
¿Este es el pirata terrible del que me hablaste?- pregunta el niño inocentemente.
Sí, es este, pero Juan, no es terrible, en realidad es una buena persona y te va a contar su historia.
El vagabundo se ha quedado sin habla. No se esperaba acabar en esa situación. Pero, tras unos segundos, se sienta en una silla al lado de Juan y empieza a relatarle sus aventuras.
Vita se sienta también a escuchar. El tiempo parece detenerse.
Al cabo de unas horas, ya ha anochecido y una enfermera le trae la cena a Juan. Vita se despide de él y el vagabundo también. Cuando ya salen por la puerta, Juan pregunta:

¿Volverás a verme y a contarme más historias de piratas?
El vagabundo parece pensárselo dos veces, pero al final accede.
Claro que sí, grumete.

Vita cierra la puerta a sus espaldas y se explica:
Este es mi plan para cambiar el mundo. No puedo solucionar los problemas de todos los españoles, pero puedo empezar por un pequeño círculo, como este. Estos niños están cansados de los payasos que ya no les hacen ni gracia, que solo vienen por recibir un sueldo a cambio. Estos niños quieren gente honrada que los ayude a evadirse de sus enfermedades, aunque sea solo por unos minutos. ¿Qué me dices? ¿Volverás?
Por supuesto.
Y es que, durante esa tarde, el vagabundo se había dado cuenta de muchas cosas, que a veces los problemas que tenemos no son tan graves y maximizamos situaciones realmente estúpidas. Como Gandhi dijo una vez: Sé tú el cambio que quieras para el mundo.

Psicologia humana

Una de la matinada , vehícle negre , Conductor de cabell blanc , ulls ovalats , foscos , faccions remarcades ,mirada mordaç , llueix una  camisa blanca  adornada amb dos llànties d'oli , texans desgastats , mocassins negres .

-Al carrer  de Sant  Agustí per favor.

-Clar cavaller.

-Fa un fred del dimoni eh¡.

-si , ací a Madrid la nit refresca prou.

-És vosté d'ací?

Silenci incòmode , és  curiós el ser humà , capacitat per a ser el geni dels diàlegs i tan incivilitzat a voltes com per a acurtar les possibilitats  de contacte.

-Hem  arribat , són deu euros.

-Moltes gràcies cavaller , ací té i que li siga lleugera la nit.

Carrer desert , la suau brisa de la nit acaricia les fulles dels arbres . Una jove  de cutis moré , cabell  fosc com la nit  ,  lluïx un vestit roig  els  faldons del qual es balancegen de forma lleugera a causa de l'aire . Amb les seues delicades mans , obri la porta del cotxe i s'acomoda dins.

-Bona nit senyoreta .-Va dir el conductor mirant de reüll la xica pel retrovisor.

-Bona nit ,seria tan amable de portar-me al bar "La gloria"?.

-Encantat estaré d'això , vaja esta nit toca festa eh?.

-Ha ha  això pareix , bo en realitat he quedat allí amb els meus pares , vénen de visita i vaig a ensenyar-los un poc la ciutat.

-Estudies ací?

-Si , sóc de Càceres , porte dos anys ací estudiant econòmiques.

-Vaja  vaja una xicoteta matemàtica . Jo d'haver estudiat  haguera triat filologia hispànica , saps les lletres m'apassionen , les ciències i les matemàtiques són com molt no sé...molt  fredes , molt flegmàtiques.

-Bo jo sempre he mostrat simpatia per les lletres , al cap i a la fi és l'única forma que té el ser humà de poder expressar el que sent . Tots tenim un secret tancat sota clau en l'àtic de l'ànima.

-Vaja , m`he trobat  amb una romàntica empedreïda.

-No ha ha , per a res , és una frase de l'escriptor Carlos Ruíz Zafón el qual  és un dels meus preferits . 

-Mmm per un moment m'havies enganyat joveneta , bo em deixe ja d'històries que hem arribat al seu destí , la veritat que m'ha fet passar una estona la mar d'agradable .

-El mateix dic , ja sé quin  taxi agafar per a la próxima.Fins un altra


És aquesta  llum d'hivern   entre les cinc i les tres  ,quan  no hi ha cel sinò núvols ,crec  que ningú la veu ,al igual que ningú veu els pardals  però sí que olen el café  i les torrades clixé .,segur que no mosseguen la polpa àcida mentres es banyen en sals mortals. El client que va entrar  a continuació en el vehícle , va entrar  com un terratrémol  deixant darrere tot tipus de pudors i formalismes.  La confiança es va apoderar de la situació i la conversació va ser fluida entre els dos  individus.


-Vaig   perdut  pels  carrers de Madrid. Les capitals són asfixiants.

-Sempre m'han cridat l'atenció els espais grans , inciten a la llibertat , i saps ,aquesta ens para molt bé  als sers humans. 

-Sempre i quan no acabes amb la llibertat del del costat .

-Ja ho sé , en això es basa la convivència ,però no ens estan llevant la puta llibertat eixos pispes del sistema?

 -Ja comences a estirar d' hipèrbole benvolgut amic , com t'agrada exagerar ... 

-El poble no hauria de témer els governants , els governants haurien de témer el poble.

-Vaja ara t'has tornat fanàtic del cine , m'agrada ,m'agrada molt ha ha ha.

-Maleïda siga , pareixem dos tristos poetes de la generació del 98.  

-I no et sembla genial?

-Absurda és la paraula.


Què intimidants i grandioses resulten al mateix temps els carrers de Madrid ,  és tot tan ridícul i al mateix temps tan poètic , que la irrisió es disfressa de poesia.

-Vaja portem com a mitja hora de xerrameca i encara no m'ha dit on vol que el porte.

-A cap lloc en realitat , o a molts ...Hi ha  tant per a veure ¡I no sols ací...M'agradaria   anar per exemple a ...a Salamanca , no¡ A ...a Barcelona , si això és a Barcelona , ciutat de poetes i romàntics , enamorats de la vida bohèmia ...La meua  volguda Barcelona.

-  I diga'm amic , amb quin  ofici es guanya la vida , o és un d'eixos afiliats a làtur?

-La veritat és que vaig estudiar una carrera no molt ben  vista pels meus pares , em deien que estava destinat a viure en la misèria , i saps que li contestava jo?

-.Diga-m'ho home .

-Que mai es pot viure de forma miserable fent el que a un li agrada , bo parlant metafòricament clar , perquè fotre  no tinc ni un dur  amic meu...

 -Es pot saber que vas estudiar?

-Filosofia , la  cosa que  més m'ha cridat l'atenció sempre és la pregunta filosòfica de per què estem ací i la mort .Em  fan por les fronteres del coneixement relativista i quàntic i per això , no veig res més apassionant  que quelcom que em fa por , perquè està completament fora de l'abast humà.

-Vaja quina  nit més curiosa , m'he trobat  amb un filòsof , maleïda siga¡¡  I deien que ser taxista era avorrit i monótom , valga'm Déu quina nit ¡¡

-A vegades bec , bo en realitat bec molt sovint , és l'única forma de passar una bona estona o millor dit d'oblidar-se  que un existix , la gent creu que es tracta de descontrol , però jo crec que es tracta de tot el contrari , és una forma de controlar la meua vida , de limitar les meues emocions , impedir que fluïsquen , paralitzar el meu cervell  ...

-Vaja...Mai  no havia pensat en això , maleïts tòpics , fan que tingues una perspectiva molt simple de les coses  quan en realitat tot és molt més complicat , tot té un rerefons , els tòpics fan als hòmens conformistes  Amic meu la conversació potser haurà sigut la més interessant que he tingut en tota la meua vida , però tornant a la realitat i al cru món material , estic de guàrdia ,le va bé si li pare ací?No li cobraré."

-Clar home , faltaria més , els diners a un no li'ls regalen , supose que em quedaré disfrutant un poc de la nit i els foscos carrers de Madrid , moltes gràcies per fer menys amarga aquesta nit , podria dir que fins i tot  ha sigut entretingut. 

Feia un fred insuportable , se li gelaven les mans , el seu cos començava a tremolar però el que verdaderament li gelava el cor era la melancolia que tenia per l'abandó de María 

-Bona  nit , al carrer Legazpi per favor.

-Fa fred eh?

-Deies?

-Que fa molt  de fred.

-Ah¡ I que ho diga ¡

-Encara que podria endevinar que eixa cara no la porta vosté a causa del fred.

- No , la veritat que no,. té vosté bon ull pel que veig.

-Com s'anomena ella? 

L'home d'ulls color mel va suspirar  , va posar els seus grans ulls en blanc i es va disposar a parlar.

-Maria. Em té boig de veritat , em lleva el son  , no tinc fam , el meu organisme està morint a poc a poc , sense ella sóc nihilista . El seu cutis moré  em trasbalsa , el seu cabell sedós em té atrapat , la seua cintura de vespa em té fascinat , els seus dos grans ulls verds són com dos joies en un desert . Sincera com cap altra , mai ha conegut la maldat , divertida , excèntrica , obsessa del cine i la lectura , dels Beatles , de la tortada de formatge , dels pianos de cua ...MaleÏda  María suplixes la puta perfecció , amb tu és possible arribar a l'exextasis.

-Ho lamente molt per vosté , esta ben  fotut cavaller , enamorar-se és la pitjor de les epidèmies del Segle XXI . 

-Em  pregunte com la gent és capaç d'enamorar-se amb tanta facilitat  i com és de dura la impossibilitat de l'amor .

-A que et referixes amb això d'impossibilitat? 

-A que  no existeix  l'amor etern , ens han menjat el cap amb mites sobre la mitjana taronja i la resta de fantasies promocionades per Walt Disney , fins i tot  uns científics van dir que l'enamorament durava tres anys i després  es  tractava de comoditat.

-Quina cosa més lletja has fet.

-A que et refereixes?

-Has definit l'amor com alguna cosa  científica , que collons  us  passa a tots? L'amor ix de dins , es tracta dels sentiments , no de cap experiment científic .

-Es  tracta de María , m'està matant , i no només  parle de mancança espiritual , també  de mancança física  ,les meues  funcions vitals han passat a un segon pla .Els  dilluns es posa eixa falda de volantets blaus turquesa que tant m'agrada , els dimarts ix a comprar el pa , els dimecres m'agrada la seua forma de mirar-me , els dijous em captiva la forma en què es lliga les sabatilles , els divendres ix a ballar amb les seues amigues , els dissabtes lluïx un vestit color avellana que li senta de vici i els diumenges llig el periòdic .No és fantástica?.I  me la volen furtar  , me  l'estan arrabassant i jo ...Jo no puc consentir-ho entens ,  maleïda siga  i Jo...jo em quedaré soles  I.  que m' ofegue  en les meues pròpies llàgrimes , que els meus ulls han vist més llàgrimes que els de la pròpia tristesa , i que sóc la pena personificada vestida amb colors vius , que no és temps de dols , és temps de revolucions i de sabors. Per més que ho intente la tristesa s'aferra , la melancolia m'abraça amb les seues mans més feres i em deixa sense respiració a la vora de la tragedia  , la pitjor tragèdia mai vista , i de la meua mà porte a la soledat , cansada d'estar sola refugiant-se en la més mínima figura. 

-Però qui se l'emporta?

-El càncer se l'emporta , mai oblidaré el moment en què aquell homenet de bata blanca va pronunciar eixes sis lletres  , càncer , de mama collons  de mama  , la pell se'm va eriçar , un amarg  eriçó em va recórrer l'esquena , les meues mans tremolaven com si d'un terratrémol es tractara.,  , una suor freda em feia companyia , i el cor se'm va congelar  , per sempre

-Saps? Quan et passa alguna cosa  així , és com si res al teu voltant existira , com si esclatara una guerra , el millor de que se't congele el cor és que et fa fort , no et dol res , has patit tant  que acabes acostumant el teu cos al dolor fins que forma part de tu , del teu dia a dia .Vore-la  sense el seu preciós cabell  amb el cutis pàl·lid , amb els ulls plorosos intentant contindre les llàgrimes per a no donar peu a la compassió , se li ha apagat la brillantor de la mirada , les ganes de viure , ella ja és morta , ha mort espiritualment , ha mort , només queda un cos que es va marcint pococ a poc.

Morir-se és una autèntica  merda , l'amor de la meua vida se'n va , se'n va per a no tornar , només em queden un grapat de fotos seues , de pertinences seues que no la representen per a res , és molt fred , les fotografies són molt fredes , únicament mostren una figura , com defenien els filòsofs el ser humà és un compost de cos i ànima , i la seua ànima es va a perdre , i això em mata .

-I que hi ha dels records?Com va dir Ciceró:La vida dels morts , perdura en la memòria dels vius.

Moltes vegades , no tot el que creiem que ens representa és cert , les representacions són odioses, ens posen etiquetes com  som  ,  que representem ?, , .Un  taxista pot fer molt  més per les persones que molts psicòlegs , perquè a vegades molta gent només necessita que algú els escolte i que no els conega prou com per a jutjar-los .

SUSPIRÉ HONDO


Suspiré hondo, cerré los ojos tres segundos, uno, dos, tres... Los abrí, todo seguía igual. Me preguntaba por qué siempre terminaba pensando en el dolor, escribiendo sobre él, llegué a la conclusión de que amaba la vida y todo lo que en ella había, pero que eso no me inspiraba, que era el sufrimiento, la fealdad, lo que hacía latir mis palabras, así que con bolígrafo en mano, me dispuse a plasmar aquello que me oprimía el pecho, aquello que siempre quería gritar, pero prefería callar.
Es curioso el ser humano, puede convertirse en pura insensibilidad, ambición y egoísmo, destruir todo aquello que hay a su alrededor, pero puede hacer todo lo contrario, puede dolerle tanto el sufrimiento de los demás que acalle el suyo propio para mantenerlos a salvo, ahí la destrucción se produce dentro de uno mismo. Yo llevaba con mi etiqueta de fuerte más tiempo del que podía recordar, había vivido mil situaciones malas, había soportado el dolor ajeno y lo había aplacado susurrando al oído de las personas que se apoyaban vulnerables en mi hombro, suspirando y moqueando: “todo estará bien, mañana saldrá el sol”, me había tomado tan en serio mi papel de salvadora que prácticamente había desaprendido a decir lo que realmente sentía, y por supuesto, ya no recordaba cómo se pedían los abrazos, cómo se lloraba en el pecho de alguien dando bocanadas y soltando pequeños gritos, o gritos inmensos, como si el mundo se acabara y la vida se te escapara de entre los dedos.
No me arrepentía de haber colaborado en mejorar el estado anímico de cuantos seres queridos lo hubiesen necesitado, pero también es cierto que había terminado por sentirme sola, y eso a su vez había provocado un autoanálisis constante que había creado una relación tremendamente estrecha conmigo misma, pero que me había alejado de los demás. También me había servido para sumergirme en aquello que yo consideraba trascendental, en la vida, en el ser humano como unidad, si es que eso existe, y sobre todo en la sociedad y todo lo que esta conlleva, la religión, las creencias, los prejuicios…
Leí todo lo que mi tiempo me permitió, percatándome de cuán pequeño es lo que sabemos, y de la inmensidad de aquello que desconocemos, pero ese descubrimiento me hizo mucho bien, puesto que le dio un sentido a mi existencia, quería que esta fuera un camino centrado en descubrir y comprender todo aquello que el tiempo me permitiera, donde se le diera mucho más valor a buscar respuestas que a encontrarlas, ya que la gracia del asunto era hacer más clara la oscuridad, no eliminar esta para sustituirla por una luz blanca, que ciega y atonta.
Pensé mil veces en quién quería ser, pero me di cuenta de que ese era un mal comienzo, puesto que lo verdaderamente importante era saber quién era en aquel momento, qué había hecho que lo fuera y si me gustaba. Tengo que admitir que la respuesta a esa última pregunta era afirmativa, era un caos, llena de contradicciones, de melancolía y rabia en algunas ocasiones, de seriedad en la mayoría, y de profunda reflexión en cada rincón de su atolondrada alma, pero tras esa coraza aparentemente infranqueable de dureza, se encontraba un corazón vulnerable, que latía acelerado, asustado porque las circunstancias y su modo de afrontarlas lograron que olvidara cómo se pide ayuda, y muchas veces la soledad se asomaba triunfante, enseñando los dientes, desafiando con escarnio.
Hubo un tiempo en que me rebelé, un tiempo donde seguí sin decir lo que sentía, sin mostrar mi sufrimiento, pero sí mi enfado, y lo hice notar entre aquellos a quienes quería culpar, pero ya no buscaba culpables, ahora mi verdadera lucha no consistía en el perdón, etapa ya superada, ahora lo que verdaderamente me preocupaba era mi incapacidad para reducir ese sentido de la responsabilidad que tenía inscrito en mí. No quería volverme egoísta, pero puede que sí más libre.
En cuanto a esa libertad, había un tema que me atormentaba especialmente, la religión, siempre tan presente en mi vida, ya que gran parte de mi familia era cristiana, pero no de esos que van a misa los domingos y luego hacen lo que les da la gana, no, para ellos era una forma de vida, y eso obviamente se había trasladado a la mía.
Me enseñaron a rezar a Dios y a pedirle lo que necesitara, a contarle lo que sentía y, por supuesto, a pedirle perdón si pecaba. El pecado, una palabra que ahora me divierte, pero que en mi infancia y principios de mi adolescencia me tuvo coartada, aunque realmente me duró poco, puesto que en mi interior nunca hubo una fe ferviente ni ganas de aferrarse a una esperanza vieja y decrépita, que mostraba las encías sin dientes en una sonrisa tan aterradora que resultaba cómica. Mira que hubo ocasiones en que esta me tendió la mano, pero yo nunca se la cogí, mi elección siempre acabó siendo vivir en la cruda y maravillosa realidad, aunque lo intenté, infinidad de veces intenté creer en esa realidad espiritual que nos mece hasta dejarnos dormidos, si no drogados, pero lo hacía por mi familia, porque sabía que no podía decepcionarles, como habían hecho el resto, porque para ellos no era una cuestión de meras creencias, hablábamos de vivir eternamente todos juntos y felices, o de morir definitivamente por desobediente e insurrecta.
Como yo estaba considerada la salvación de la familia, la niña buena, correcta y responsable, esa presión aún me daba más ganas de estallar, de gritar que no era quien ellos esperaban que fuera, que no iba a dejar de leer libros de filosofía porque fuera en contra de lo que ellos defendían. Pero a pesar de todas esas razones, yo nunca he sido una persona valiente, así que decidí guardar las apariencias, nunca hablaba de religión con ellos, ni tampoco de mis pensamientos sobre el mundo, el ser humano y la sociedad, me limitaba a asentir, a sonreír irónicamente y a asistir a esas reuniones, todo por cobardía.
Fue entonces cuando mi hermano interrumpió mis pensamientos:
  • Vístete, ya nos vamos.
Hacía dos meses que mi abuelo había muerto, en los últimos apenas habíamos hablado, porque me quiso juzgar, quiso decirme lo que tenía que hacer y me dijo que si no lo obedecía para él habría muerto, obviamente me negué, de modo que perdimos toda comunicación.
Pero antes de que yo me reafirmara en mis convicciones y él pretendiera cortar mis alas había supuesto una persona muy importante en mi vida, con él había hablado de infinidad de cosas, había reído y llorado, me hizo reflexionar cuando tuve malos comportamientos con otros miembros de mi familia, aunque casi siempre estuvo de mi parte, no obstante, al final de su vida se volvió controlador e incluso mentiroso, hecho que nunca llegué a comprender, puesto que se podía confiar en mí y jamás hubieran hecho falta tales artimañas. Pero así fue como acabó nuestra relación, tan solo silencio.
Salí de mi cuarto, mi hermano y yo cerramos la casa y entramos en su coche, mi hermano no era muy hablador, pero yo siempre lo intentaba.
  • ¿Cómo estás?
  • ¿Yo? Bien, ¿por qué?
  • Se me ocurren un par de razones aunque la más evidente creo que es que tu abuelo está muerto, por eso vamos al cementerio, no vamos de visita turística-siempre le hablaba con esa odiosa ironía.
  • Estoy bien, a ir tirando.
  • Tendríamos que haber ido más a verlo, aunque no fuera del todo agradable.
  • Puede.
Eso fue todo lo que pude sacar en claro con él, llegamos al cementerio y buscamos el nicho donde hacía dos meses había terminado mi abuelo. Estaba enfadada con él, llena de ira en realidad, porque él había decidido alejarme de su vida, y por eso no había podido despedirme, no había podido decirle que le quería, que le echaría de menos, que había dejado un vacío en mi corazón, que nunca terminaría de sanar, aunque con el tiempo cicatrizara, le habría dicho mil cosas, todo aquello que me faltó, cosas buenas y cosas malas, pero ahora ya no tenían sentido, porque sin él no tenían sentido. Apreté el puño y me mordí el labio inferior, mientras mis ojos rezumaban infinidad de lágrimas que recorrían mis mejillas, rozaban la comisura de mi boca y aterrizaban en el suelo.
Respiré hondo, cerré los ojos y conté hasta tres, uno, dos, tres… me quedé observando fijamente su fotografía en blanco y negro, le miré fijamente a los ojos, y le perdoné, le perdoné por haberse ido sin avisar, sin decirme adiós, y le perdoné por todo lo anterior a ello.
Entonces mi hermano volvió de hablar con un amigo que había encontrado por el camino, vio mi estado y se quedó a mi lado, quieto, callado, así permanecimos una eternidad, aunque pareció un suspiro, hasta que empezó a hacer frío y volvimos a casa.
Cuando terminé de cenar me metí directamente en la cama, enterré la cabeza debajo de la almohada y decidí que, si no pude decirle todo lo que pensaba y sentía a mi abuelo, y que no podría hacerlo nunca porque ya no estaba, era hora de que tomara las riendas de mi vida, fuera valiente, y dijera a todo el mundo quién era, qué era lo que realmente quería, y empezara a luchar por conseguirlo.
Al día siguiente por la mañana reuní a mi familia en una habitación, y mientras restregaba una contra otra mis manos sudorosas, empecé:
  • Tengo algo que deciros…
Ese día volví a nacer.