dijous, 23 d’abril del 2015

Historias sin final feliz (VII)


Nací en un precioso castillo, rodeado por un inmenso lago de agua cristalina y altas montañas, la única entrada a este reino era un largo puente hasta el bosque. Pero incluso estando rodeada de lujos y sirvientes no todo es tan perfecto, todo ese mundo de fantasía podría llegar a su fin antes del atardecer. Mi reino se encuentra en guerra, y el rey, mi marido, ha muerto en la batalla, así que la responsabilidad de los siguientes movimientos recaen sobre mí, yo soy la responsable de que mi pueblo siga en pie o muera hoy mismo. Empiezo a ver a los soldados en el horizonte acercándose a través de la ventana, pero ¿qué debo hacer? Me encuentro en la sala de reuniones donde tantas veces se había reunido mi marido, a mi alrededor se encuentran los más fieles consejeros del reino y los más valientes nobles. Se abre la puerta y me alertan de que son mucho más numerosos de lo que pensábamos, tengo que tomar una decisión y hacer una buena jugada, y lo tengo que hacer ya… Obviamente no podemos atacar de frente, así que, habrá que preparar una buena emboscada, atacaremos desde arriba de las colinas justo antes de que lleguen al bosque, sí eso será lo mejor.
Ya estamos listos, un gran ejército armado, se dirige hacia el campo de batalla. Sin embargo, antes de que lleguemos a la colina, el enemigo nos asalta por sorpresa, se habían preparado muy bien, conocían el terreno de juego. Veo la sangre roja derramándose de mis soldados, no puedo permitir esto, debo proteger a mi pueblo y a mi familia, tenemos que resistir hasta que quede el último de nosotros. Pero de repente una flecha me alcanza atravesándome el estómago y caigo del caballo, rápidamente me arranco la flecha y sigo luchando, pero una segunda flecha me atraviesa, y vuelvo a caer… En el suelo, mientras doy mis últimas respiraciones, el tiempo se para, no soy consciente de lo que ocurre a mi alrededor, giro la cabeza hacia mi hogar y veo como se acercan, todo esto ha sido culpa mía, si hubiera elegido la opción correcta quizá no hubiera pasado nada de esto…

Historia sin final feliz (VIII)


Estoy en un orfanato, soy el mayor de un grupo de niños... Por unas horas nos han dejado solos y, como siempre, me quedo de responsable por si a los más pequeños les pasa algo. En la planta baja están las monjas haciendo la comida, probablemente lentejas o algún potaje… un olor desagradable llega hasta aquí. Está claro que nadie espera grandes manjares de un sitio como éste… Nadie espera juguetes con los que jugar aquí… tenemos una peonza y poco más. Pero eso no evitaba que el ruido inunde las cuatro paredes en las que nos encontramos. Gritos, discusiones y demás se quedan en nada tras un sonido. Dos disparos. Solo con dos disparos todos dejamos lo que tenemos entre manos y reina el silencio. Tomo la iniciativa y dejo a Manuel al mando del resto para así ir a ver qué ha pasado. Voy a las escalera y esto es lo que veo: los cuerpos de María y Lucía. María, la corpulenta dueña de la cocina, tiene marcas en el cuerpo. Se ha resistido… algo que no era de extrañar teniendo en cuenta el carácter de vieja loba que tenía. Iba a fijarme más en el estado de Lucía y entonces lo vi. Era el hombre que las había matado. Metro ochenta, pelo oscuro, un hombre cualquiera. Se dirigió a las escaleras, así que llevado por el miedo me levanté sin pensármelo dos veces y volví a la habitación. Todos estaban asustados y con motivo. Les dije que no permitiría que cruzara la puerta pero, si os soy sincero, no tenía con qué ni cómo evitarlo. Supongo que quería creerme las palabras, poder protegerlos y actuar como el hermano mayor que en teoría era. Así que los abracé y nos sentamos al lado de la puerta. Podía escuchar sus pasos acercándose, el crujir del viejo suelo de madera. Cuanto más cerca lo sentía más fuerte los apretaba contra mi pecho.
Finalmente llegó, era inevitable. Un disparo. Otro disparo. Y otro. Agua caliente. Sí, era eso lo que notaba, agua caliente cayendo por mi cabeza. Abrí los ojos, todo se tambaleaba. No era agua eso que caía. Era sangre, mi sangre. Levanté la mirada de mis manos pero todo estaba borroso. Forcé la vista, notaba presión en mi pecho algo muy cálido. Un llanto... el llorón de Lucas pegado a mi lado. Siempre terminaba llorando por todo, por lo que fuera, cuando jugábamos. Ahora, igual. El pobre… solo necesitaba una familia, alguien que cuidara de un niño tan pequeño como él. Nunca la tuvo, a sus tres años se había pasado la vida aquí con nosotros. Éramos esa familia que ninguno tuvo. No tardé en comprender que esta vez estaba llorando por mí. Quería hablar, decirle que no se preocupara pero iba perdiendo la conciencia. Allí seguía llorando a mi lado. Y, con mis últimas fuerzas, lo abracé tratando así protegerlo del mal que venía. No sé si lo conseguí...

Historia sin final feliz (IX)


Roma, finales del siglo I a.C. Los escalones eran negros como la noche, fríos como el hielo. Los acompañaba, aparte de la penumbra, el sonido del agua de algún río subterráneo que había comenzado a escucharse apenas hacia unas horas. Los pasillos eran estrechos y ahora todos caminaban bastante cerca, hombro con hombro. Flavius iba en cabeza, seguido por sus dos guardias personales. Marcus iba casi el último, un poco rezagado, mientras escuchaba el llanto entre sollozos entrecortados de uno de sus compañeros. El joven estaba cansado y herido. Nadie hablaba, eran esclavos y ahora servían a Flavius quien había pagado una miseria por ellos. Se presenciaba la tristeza del grupo en los pasos de sus cuerpos derrotados, en sus miradas angustiadas, en sus sollozos entrecortados… Los peldaños seguían hacia abajo, perdiéndose en la penumbra. A su izquierda una puerta se abrió paso y Flavius los guió a todos por ella. Al otro lado, un conjunto de celdas mugrientas los recibió en silencio.
De pronto, un golpe tosco le dejó sumido en una inmensa oscuridad. Despertó aturdido, mareado y con un leve dolor en la cabeza. Se puso en pie alerta de cualquier peligro tropezándose con algo suave, se apartó al mismo tiempo que comprendía que lo que acababa de pisar era un brazo humano. Un chico, un poco más joven que él, al cual recordaba de la venta de esclavos, ahogó un grito al tiempo que se apretó contra su costado. Marcus contuvo la respiración, sin quererlo oprimió los muslos, como queriendo salir corriendo de aquel horrible espectáculo que apenas se podía entrever... Al otro lado de la celda que los separaba, se arremolinaban los cuerpos sin vida de muchos hombres. Los habían dejado allí mismo, tirados y desperdigados por la adusta tierra. Todos presentaban signos de violencia extrema...
Marcus retrocedió dando un par de pasos cortos, al tiempo que comprendía que no había salida. Se encontraba en una diminuta extensión bajo un techo de piedra firme. A su alrededor, hileras de personas dormían. Todos varones. El miedo le paraliza y su respiración cada vez era más y más irregular. Aquel lugar olía a sudor y a mugre, no había ventanas, por lo que dicha olor se incrementaba a cada paso que se avanzaba. A lo lejos se oían voces altas, en realidad, parecían gritos de fascinación, como vítores que reclamaban sangre. ¿A dónde les habían llevado? Finalmente lo comprendió, les habían comprado en el mercado de esclavos de finales de agosto para cubrir las plazas de los gladiadores. Aquellos esclavos iban a convertirse en peones de los más poderosos, carne de cañón para entretener a un público sediento de sangre.
Al cabo de unas horas unos guardias despiertan al resto y les tiran, literalmente, el desayuno de pan y agua al suelo. Luego los conducen entre órdenes y riñas a la armería dónde recibe cada uno un casco, un escudo, unas espinilleras y ligeras armas de hierro para las prácticas. El entrenamiento se realiza en la arena, bajo la atenta mirada de Flavius, el instructor jefe. Otro grupo de gladiadores más expertos que acababan de luchar se retiran entre jadeos. Marcus se fija en las numerosas heridas de uno de ellos que se mostraba sereno y fuerte, surcado de cicatrices, vencedor de varios torneos. Aunque sólo fuera por un momento, sintió una gran admiración por él.
Bajo el sol, el joven suda y maldice mientras practica las artes para atacar y detener golpes. Su vida depende de sus reflejos y su fuerza; así que soporta serenamente el entrenamiento. Mientras, Flavius y sus secuaces, se aseguran de que son lo suficientemente bastos como para satisfacer al emperador y al exigente público de la arena. Finalmente, les dan de cenar y los llevan de nuevo a su celda. Mañana deberán luchar por su vida en uN baño de sangre en el que solo uno puede sobrevivir. O quizá nadie. El portón por el cual se sale a la arena permanece cerrado. Los gladiadores ya equipados, esperan entre la oscuridad su segura muerte. Al otro lado se oían aplausos ansiosos… El espectáculo debe comenzar...
“Éramos 8. Nos encontrábamos petrificados, ninguno de nosotros había hablado durante la última hora. El miedo nos invadía, no podíamos apenas movernos, hablar ni escapar. Solo alcanzábamos a mirarnos mientras esperábamos que la voz de Flavius nos presentara... Ese momento llegó pronto, el portón se abrió con un sonido brusco, y la luz del sol nos cegó, obligándonos a cerrar los ojos... Ahora los gritos y aclamaciones se hacen más fuertes... El retumbe de los tambores da inicio a la lucha entre nosotros…Yo corría y corría, no podía dejar que me alcanzasen. Corría con la espada en la mano. Todos estaban luchando, menos yo.... Solo se veía sangre y más sangre. La gente desaprueba mi actitud, mientras sigo huyendo. Escucho como me abuchean y me dicen de todo... Los demás querían demostrar quién era el mejor y luchaban a muerte creyendo que así alguno alcanzaría la libertad, pero no llegaban a entender que tarde o temprano la libertad, que tanto ansiaban, no se les sería posible: de cualquier forma, nadie podía salir hoy vivo de la arena...
Mientras pienso todo esto, un dolor espantoso me recorre la espalda, me han lanzado un cuchillo. Pero yo sigo corriendo, no sé cuanto aguantaré más. Corro, pese al dolor inmenso en la espalda. Siento que me están persiguiendo. No sobreviviré mucho más. Estoy a punto de rendirme, de dejarme alcanzar por mi perseguidor, cuando escucho un sordo golpe contra el suelo. Me giro y veo a alguien sangrando: el que me quería matar ahora está muerto. Miro alrededor y veo sólo un cuerpo erguido... Entonces me doy cuenta: solo quedamos dos. En seguida me viene una idea: puedo ganar... Falsa esperanza... NO. De repente mi contrincante cae al suelo, herido casi de muerte no aguantaba en pie más. No puedo evitar sonreír. Sé perfectamente lo que tengo que hacer a continuación. El ruido es ensordecedor. Cojo la espada con más fuerza y me armo de coraje. No sé cómo matarlo, no he matado nunca a nadie. Inconscientemente le clavo la espada en el pecho. Ha sido fácil. Veo en sus ojos rabia, impotencia, desesperación y miedo, y me veo a mi mismo reflejado en ellos. Yo no soy esa persona que ahora veo...
Saco la espada de su pecho y la lanzo al suelo. Me quedo inmóvil. La gente me aclama como si fuera un verdadero héroe, o eso creo yo. Miro al emperador expectante. Él me mira con esos ojos azul claro: en absoluto estaba contento. Mira al público. Muchos chillan como animales y reclaman mi muerte. No veo a nadie que esté sentado en su asiento. Por un instante, me observo como desde fuera a mi mismo allí en medio: siento que yo no soy eso, que yo no soy mi cuerpo... No oso mirar el veredicto: con los ojos cerrados, imagino cómo lentamente el pulgar del emperador se gira hacia abajo, declarando y sentenciando mi destino. Abro los ojos. En la arena entran cuatro soldados romanos. El público me vapulea... Esto es el fin, y no parece que vaya a ser un final feliz...”
-FIN-

dimarts, 14 d’abril del 2015

Resultats votació online


Ja tenim resultats de la votació que s'ha dut a terme durant les vacances de setmana santa. Gràcies per la participació. Ho passem ara al membres del jurat per a la decisió final.
Sort!

dilluns, 6 d’abril del 2015

Votació online




LA FÁBRICA DE LOS SUEÑOS



Había una vez una niña muy curiosa llamada América en la ciudad de Conil. En su ciudad había una calle muy especial llamada Magia, no era especial por el nombre de esa calle sino que era especial por lo que contenía una de esas casas y lo que pasaba en un edificio viejo antiguamente un colegio.
El alcalde de ese pueblo junto a más gente habían decidido derrumbar esa calle ya que no estaba habitada, para construir un gigantesco centro comercial, con su respectivo parking y con una vía de tren que lo uniera con los pueblos de los alrededores  y con el aeropuerto más cercano para atraer al pueblo turistas y así él poder ganar más dinero. América tenía unos amigos tan divertidos y curiosos  como ella, todos ellos formaban una pandilla fantástica. La verdad es que América era muy guapa, tenía el pelo castaño claro, con ondulaciones y largo con los ojos azules, grandes acompañados de unas pestañas largas y preciosas. La verdad es que muy alta no era pero estaba tan flaca como un palillo.
Un día a América a la salida del instituto se le ocurrió pasar por esa calle para ver otra vez las casas. Cuando pasó por allí vio que en una casa entraba una señora mayor y se dejaba la puerta abierta, como era tan curiosa entró para verla. Cuando entró no pudo ver nada ya que estaba todo oscuro, pero de repente de la nada apareció la mujer mayor. La mujer mayor le dijo:
-      ¿Por qué has entrado aquí? Esta es una propiedad privada y tú no puedes entrar.
-      Buenas soy América. He entrado porque soy muy curiosa, y me gustaría conocer los interiores de estas casas porque creo que no es justo que las derrumben porque creo que son muy bonitas y tienen su historia, aunque nadie las habite actualmente. A mi la verdad es lo de la construcción del centro comercial no me parece una buena idea, porque si lo construyen todo el comercio que hay por el pueblo morirá. Encima esta ciudad se hará más ruidosa y peligrosa, y hoy por hoy está muy bien tal y como está.
-      Bueno si muchacha yo también comparto tu opinión pero tienes que salir preciso de esta casa, porque no la puedes ver. –Dijo la mujer-.
-      ¿Y eso...?
-      Esta casa esconde secretos que nadie nunca tiene que saber.
-      Y, ¿cuáles son? Yo sé guardar muy bien secretos de verdad por favor cuénteme esos secretos, por favor.
-      Lo siento hija, pero te tendrás que aguantar tu curiosidad, salir de mi casa y no molestarme más.
Al final América tuvo que salir de esa casa sin poder ver nada, ni averiguar ningún secreto. Durante una semana estuvo acechando a la mujer pidiéndole entrar y saber los secretos y durante esa semana la mujer naturalmente le dijo que no. Hasta que un día la mujer harta de la niña le dijo:
-    Como veo que nunca te vas a cansar te dejaré entrar y te contaré la historia de esta casa y de la calle.
Las dos entraron a la casa. La mujer antes de encender la luz cerró la puerta y la aseguró cerrándola con llave. América todo eso lo veía raro, porque no entendía porque la mujer se aseguraba tanto de que nadie viera lo que había en el interior de esa casa. La mujer por fin encendió la luz y a América se quedó decepcionada por lo que veía. Solo habían grandes paredes de color gris y toda la casa tenía un aspecto muy triste. Era como si en muchos años nadie se hubiera hecho cargo de la casa. Pero antes de que América pudiese preguntar nada o si quiera hablar, la mujer le dijo:
-      Como ya habrás podido contemplar esta casa no tiene nada especial que puedas ver. Pero como toda casa y objeto, tiene una bonita historia y como veo que estás interesada por esta casa y calle te la voy a contar. Pero para contarte la historia de esta casa también te tengo que contar la historia de la niña que forma parte de ella.–Continuaba hablando, mientras América intentaba contener sus ansias por saber las historia de la niña y la casa- Esto era hace muchos, muchísimos años en este mismo había una niña llamada Casandra. No vivía en este pueblo sino que vivía en un pueblecito muy pequeño, que actualmente no existe llamado Carcassonne. Como aquel pueblo era tan pequeño la niña tenía que venir a este pueblo al colegio. El colegio de este pueblo era el edificio ese abandonado que hay allí, que no quedan muchos restos de él ya que hubo un incendio y todo se quemó.
-      Em. sí creo que sé de cual me estás hablando. ¿Pero ese edificio como iba a ser un colegio si no tiene ni una aula, ni ningún resto de sillas…? –Preguntó extrañada Casandra-.
-      Bueno es que la verdad es que ese colegio no era un colegio como los de ahora. Ahora estudiáis muchísimo y de una forma que os aburre en seguida. Pero este pueblo en concreto tenía un colegio muy especial. En ese colegio no hacíamos exámenes, ni tampoco estudiábamos, ni hacíamos la mayoría de cosas que hacéis hoy en clase. En ese colegio para sobrevivir debíamos pasar duras pruebas, desafíos… Nuestro colegio era un colegio que tenía como atracciones basadas en un parque de atracciones de agua, interiores y exteriores y créeme cuando te digo que las pruebas eran muy duras. La verdad es que combinában pruebas de agua con pruebas académicas y aunque parece fácil, no lo era.  Tenían piscinas, no de mucha profundidad con obstáculos de por medio que tenían que esquivar porque si no perdían puntuación, que la puntuación se veía cada semana. Quien estuviera entre los diez últimos recibía castigos no imaginables. Pero bueno tú no has venido a oír todo el rollo de lo que pasaba en el colegio, así que no me entretengo más y empiezo ya con la historia de Casandra y esta casa. Como ya te había dicho Casandra vivía en un pueblo cerca de éste pero sus padres y ella estaban mirando casas donde poder mudarse en este pueblo. En el colegio donde Casandra iba había una profesora llamada  Minerva que tenía una casa en esta calle y quería venderla, como se había enterado de que la familia de Casandra estaba buscando una casa donde vivir le dijo a Casandra que si querían ese mismo viernes de esa semana les podría enseñar la casa y hablar del precio, ese viernes a la una y media. Como Casandra debía de ver también la casa, tuvo que cometer una infracción y saltarse una de las pruebas para poder salir de allí antes y llegar a la hora de la cita. Cuando faltaban unos diez minutos sus amigas la ayudaron a salir sin que nadie se diera cuenta. Se fue corriendo hacia la casa, antes de que nadie la pudiera ver. Cuando llegó a la casa Minerva la estaba esperando en la casa y le preguntó: “¿le has dicho a tus padres que hoy iba a enseñaros la casa?”. Casandra se dio cuenta de que sus padres no estaban allí porque no les había dicho que ese día tenían que ir junto a ella a ver la casa que Minerva les iba a enseñar. Entonces le dijo: “lo siento pero es que se me ha olvidado decirles a mis padres que tenían  que venir junto a mí a ver la casa. Pero si quieres me la puedes enseñar a mi”. Minerva dijo que no pasaba nada que ya se la enseñaría otro día a sus padres. A Casandra la verdad es que la casa por fuera ni le disgustó ni le encantó, era una casa normal y grande. Por fuera la casa era de color verde hierba, con tres plantas y tres grandes ventanales en cada una. En una cuarta planta considerada más como a guardilla de decoración habían una especie de tuercas gigantes que estaban todo el tiempo en movimiento. La verdad es que todas las casas de esa calle eran igual por fuera, pero la verdad es que esa casa en especial tenía algo inusual en su interior que nunca nadie ni nada se hubiera podido imaginar.
Cuando entraron Casandra no vio nada porque todo estaba oscuro. Minerva antes de encender la luz le dijo: “esta casa es especial, nada de lo que ni tu ni nadie podríais imaginar. Por lo tanto, cuando salgas de aquí no podrás decir nada de lo que has visto a nadie porque si no te tratarán como a una loca. Así que tú decides lo que quieres hacer si crees que no vas a aguantarte de poder decir la verdad, más vale la pena que no veas lo que vas a presenciar a continuación y si crees que no se lo dirás a nadie pues te puedo enseñar la casa”. Casandra le dijo: “le juro que me puede enseñar la casa que no le diré a nadie lo que vea aquí dentro”. Cuando Minerva oyó eso suspiró y le dijo está bien, y de repente se encendieron todas las luces. A Casandra se le iluminaron los ojos al ver todo eso. No podía creerse lo que veía habían pequeños ositos de peluche vivos por la casa. Eran pequeños y cada uno de colores distintos, tenían una cara muy dulce. La casa era aún más grande de lo que se veía por fuera. Era de muchos colores y parecía que estuviera hecha de golosinas y de todo tipo de dulces. No tenía escaleras para pasar de planta a planta el único medio que permitía pasar de planta a planta era un tren de chocolate que iba a grandes velocidades tanto para subir como para bajar de planta. Esa casa aparte de tener seres fantásticos, también tenía una cosa muy especial en una parte secreta de esa casa había una gran fábrica de juguetes para niños es por eso que también en gran parte de la decoración de la casa habían muchísimos juguetes de plástico, de madera… Casandra y Minerva vieron toda la casa: la cocina que tenía fuentes de zumos de diferentes sabores, hornos que fabricaban golosinas, dulces… (comida saludable también); habían prados hechos de césped de regaliz, manzanas de azúcar, flores de fondant, nubes de algodón de azúcar, incluso ríos de chocolate. En aquella casa se podía crear cualquier paisaje comestible que el propietario quisiera, además de que siempre el propietario podría tener con quien jugar ya que igual que habían ositos de peluche vivientes, en la fábrica de juguetes se podía crear cualquier cosa que alguien imaginara igual que personas. Aquella fábrica era mágica porque creaba cualquier cosa tanto un paisaje de golosinas como una persona de carne y hueso. Aquella fábrica se llamaba la fábrica de los sueños. Cuando Minerva le enseñó toda la casa, Casandra le dijo: “Yo tengo una pregunta si no puedo contarle esto a nadie, ¿a mis padres que les tengo que decir?” Minerva le hizo un gesto como para que se sentara y se sentaron las dos, y le dijo: “la verdad es que al haber accedido a ver esta casa no puedes salir de ella, recordando todo lo que has visto en esta casa. Antes de que preguntes, como esta fábrica fabrica de todo hay un aparato que tiene la capacidad de borrar la memoria a las personas. Si tu quieres acordarte para siempre de lo que has visto deberás de permanecer para toda la vida en esta casa, sin tus padres sola reinando este mundo de golosinas y juguetes. La verdad es que tú has tenido la opción de entrar en esta casa porque has sido la elegida. La elegida es la persona que en su destino esta puesto que tiene que reinar el mundo del la fábrica de los sueños y eso pasa cuando la mujer que reinaba se pone enferma o mayor y ya no tiene la capacidad de poder reinar este mundo. Y no ha sido una casualidad que yo fuera tu maestra si no que yo era la elegida pero como estoy enferma he tenido que buscar a la elegida, y esa has sido tú. Te dejo un tiempo para que te lo pienses y tomes la decisión que tomes no te juzgaré.” Al cabo de unos minutos dijo “¿Antes de tomar una decisión me gustaría saber que va a pasar con mis padres? ¿Y yo que tendré que hacer para gobernar este reinado?” Minerva le contestó: “Tranquila no te agobies antes de hora. Con respecto a ti y a tus padres se les enviará una niña con tu imagen creada y diseñada desde esta misma fábrica y no se darán ni cuenta de tu ausencia porque será igual que tú. Y después con respecto al reinado, el oso grande te lo explicará todo y seguro que lo harás genial. Finalmente, Casandra decidió quedarse y la verdad es que durante muchos años vivió una vida muy buena gobernando todo ese reinado. Ese reinado no solo consistía en la casa de en la que habitó y conoció primero, si no que el reinado estaba formada por todas las casas de la calle Magia. Conectadas mediante túneles subterráneos y puertas que formaban el reinado. Y esta es la historia de esta casa y esta calle.
-      ¿Pero al final que pasó con Casandra y con Minerva?
-      La verdad es que Minerva desapareció al Casandra ser coronada reina. Y sobre Casandra…
-      ¡Qué, qué le pasó! No le pasaría nada malo ¿no?
-      Bueno yo no me he presentado. Me llamo Casandra y soy la reina de este reinado. Y como un día le dijo Minerva a Casandra tu eres la elegida y si quieres puedes reinar este mundo.
-      ¿Lo dices de verdad?
-      Sí, con las mismas condiciones que Minerva me impuso un día.
América al final tomó una decisión y esa fue la misma que tomó un día Casandra. Fue quedarse a reinar ese reino. En el mismo momento en que dijo que sí la casa y todas las demás empezaron a cambiar de aspecto y  volviendo al aspecto de antes. La fábrica empezó a funcionar y toda la casa volvió a tener color. Casandra antes de desaparecer le dijo:
-           Por cierto con respecto a lo del alcalde y lo de la demolición, eso es todo falso. Hicimos un montaje para atraerte aquí y que pudiera contarte que tu eres la elegida. Y una vez más la historia se volvió a repetir.



dijous, 2 d’abril del 2015

Siempre la misma historia


Era una mañana de sábado. Habitualmente estaba sólo en casa con mi madre, una mujer bajita, rellenita, con pelo castaño y mechas. Me levante sobre las nueve y media de la mañana.

-¿El papa aún no a llegado ? -le  pregunté a mi madre.
  -No, aún no ha venido -me dijo-, no se donde estará.
-Tengo un mal presentimiento –le dije.
-Yo también.
-Mamá, ayúdame a recoger la habitación.
-Venga, tira –me dijo con tono de cabreada.

Mientras mi madre estiraba las sábanas yo iba recogiendo los trastos.
Primero estiró las sábanas y luego las metió mientras yo ponía las cosas en las estanterías.

-Mamá, y ¿no estará en el bar de la tía?
-No, no creo –dijo ella.

Ella siguió haciendo la cama y yo recogiendo la habitación. Cuando acábamos apareció mi padre, un hombre alto y delgado con bastante carácter, pero en el fondo buena persona.

-Tú -le dijo mi madre- ¿Dónde estabas ?
  • ¿Tú que crees? -le dijo con tono de mofa.
Estábamos en el salón, un espacio grande con un sofa y una gran televisión.

-Es que siempre estás igual -le dijo ella.
-Yo con mi dinero hago lo que me sale de los cojones -dijo él- si no, trabajar vosotros.
-Siempre haces lo mismo -le repetí yo con un gesto de suspiro- si no cambias tu actitud tendrás que buscarte otro lugar donde vivir. 
-Me largaré si me da la gana –dijo.
-Ahora ¿qué comemos toda la semana? -le pregunté.

Mi madre ya desesperada se puso a llorar y a mí me supo mal. 

- Ya veremos lo que comemos -la miré- tú no te preocupes.

Mi padre buscaba pelea con mi madre. Se abalanzó sobre ella para pegarle y me metí por medio.

- ¿Qué coño haces? -le dije.
-Déjame que como la pille... 

Yo le pegué un empujón.

-Ya te puedes ir a la cama -le dije gritando.

Él se levantó e hizo lo que le dije.
Su habitación era oscura y grande, con una cama de matrimonio y dos mesitas de noche.
Entré a la habitación y le dije que cuando se levantara ya hablaríamos.
Mi madre puso una sartén con aceite de oliva y echó unas patatas; cuando ya estaban hechas las sacó e hizo los huevos.
Cuando nos pusimos a comer salió mi padre de la habitación.

- Tú ya puedes sentarte -le dije-. Esto se ha acabado. Como vuelvas a gastarte el jornal tendrás que buscarte otra casa.
– No te preocupes -me dijo con voz arrepentida- no volveré a pisar el bar. 
-A ver si es verdad –le dijo mi madre con voz dolida y sin mirarlo. 

Cuando acabó el dia, sentados en la mesa para cenar, entre risas y comentarios alegres, me di cuenta que lo que había sucedido a mediodía era ya agua pasada.

dimarts, 31 de març del 2015

Una historia cualquiera


Vuelvo a casa un día cualquiera después de terminar la universidad. Como, hago los deberes, me pongo el pijama. Leo. Me duermo. Sueño cosas preciosas, cosas preciosas que nunca ocurrirán en la vida real. Me gustaría.
Me vuelvo a dormir. Esta vez, está todo oscuro, no sueño nada…
Me despierto con una agradable sensación, me quedo en la cama tumbada, intentando recordar esos sueños. Pero, me resulta imposible ya que me olvido cuando entra Droplet. Mi border collie; es preciosa, su color blanco avainillado, con pequeñas manchitas marrones. Una de ellas, con forma de gota - que de ahí viene su nombre - está alrededor de su pardo ojo izquierdo.
-¿Cómo  está  mi chica?, venga -le digo-, seguro que  tienes  las  mismas ganas de almorzar que yo - mientras, la acaricio lentamente pensando qué preparar -.Vamos.
            Entre tanto, doy de comer a mi peluda compañera de piso, le pongo en el bol su desayuno y voy directamente a hacerme el mío. Por supuesto, me he lavado las manos antes.
            Normalmente, me apetecería un tazón de leche con cereales. Hoy no. Creo que me voy a hacer un zumo de naranja. Y tostadas; para variar un poco de vez en cuando.
            Mientras como, enciendo la televisión para ver las noticias. Normalmente no tengo mucho interés  por ellas, pero me llama la atención  que anuncien mi barrio. La chica que lo anuncia, va vestida muy extraña, extravagante y singularmente:  un vestido morado, con adornos amarillos y verdes. Zapatos naranjas y unas pulseras azules; no se quién la ha vestido, pero no estoy muy de acuerdo.
-Ha habido cuatro atracos en una semana, dos de ellos en la calle 42. Falleció con heridas muy graves un dependiente - me doy cuenta de que está hablando cuando acaba de dar la noticia. Estaba ensimismada y no es que me haya enterado de mucho, y decido buscar esa noticia por Internet.- que intentaba proteger sus ganancias. La familia está muy afectada - apago la tele, no me entretengo más.
Cuando acabo, limpio los platos sucios y me dirijo hacia mi habitación. Allí me visto, hago la cama y salgo al baño a peinarme. Como hace un buen día, decido salir a pasear con Droplet.
Nada más salir, nos encontramos con un perro que me resulta muy familiar.
            -¡Bonito, vuelve aquí, no quiero que te pierdas!
-Shh, Droplet, solo es un perro, no le ladres.
-Bonito… - ella me ve, está alta, pero su cara sigue igual. Me mira con una cara extraña, será que tengo la cara desencajada de la ilusión. ¡Hace tanto tiempo que no la veía! - ¡Light!, ¡Light!
-¿Lucy?, ¡Lucy!  - exclamo -, que alta estás - mientras lo digo, voy pegando saltitos de la emoción -, ¿tú también vives aquí?
-Oh, venga Light, solo han pasado dos añitos de nada, seguro que no ha sido para tanto.
-Aix, tan singular como siempre; pues sí, te he añorado.
-¿Seguro?
-Sí, incluso he llorado por tu desaparición. No, en realidad he estado fuera. Ya hace un mes que vivo aquí  ¿Y  tú?
 -Yo hace seis meses que me instalé aquí. Surgió trabajo, y vine. Actualmente, el trabajo que tengo es desde casa.
-Pero si trabajas con tu ordenador en casa, ¿por qué te mudaste?
-Por necesidad. Por necesidad y por dinero. Pero bueno, ¿tu estás bien?
-Sí - contesto sin más. En realidad, no me va tan bien. Tengo la familia al otro lado del continente. Espero ir a visitarla pronto-.
-Yo tam0bién.  Es  lo  que  cuenta.  Y  bueno,  yo  me  despido. - Parece  intranquila,  no  sé,  tiene  la  mirada  como…  perdida -  ¡Hasta  luego!
-¡Adiós,  disfruta  del  día!  - No  me  voy  tranquila,  pero  el  día  mejora  a  cada  hora  que  pasa-,  vamos  Droplet,  continuemos.
            Luego,  todos  los  días  eran  así.  Levantarse,  desayunar,  vestirse,  asearse,  ir  a  clase,  estudiar,  volver  de  clase,  comer,  pasear  a   Droplet,  etc.  Hasta  la  navidad.  Siempre  se  oían  disparos  por  las  noches,  por  suerte  solo  eran  bolitas  de  plástico.
            En  la  universidad,  propusieron  hacer   un  viaje  de  fin  de  curso.
            Cuando  volvimos,  había  policías  por  todas  partes,  y  sus  coches  no  nos  dejaban  pasar,  así  que  nuestro  profesor  bajó  del  autobús  para  saber  que  pasaba  y  para  pedir  a  los  agentes  dejarnos  pasar.  Su  conversación  empezó  muy  educada  y  muy  formal,  un  compañero  del  policía,  se  acercó  y   susurró  algo  a  la  oreja  a  su  amigo.  Este,  inmediatamente,  pegó  una  bofetada  a  nuestro  profesor  y  le  puso  las  esposas.  Estábamos  asustados.   No  sabíamos  lo  que  pasaba.
            -No  salgan  de  sus  casas,  si  lo  hacen,  están  muertos.  No  comprendemos  qué  está  pasando, solo sabemos que es algo muy malo, hay personas con capuchas y pasamontañas negros. Llevan armas - Recuerdo esa noticia como mi propio nombre, no hace mucho que la he escuchado. No sé dónde estoy. En mi casa, está claro que no -. Mucho cuidado.
            Alguien me lame la cara y yo me tengo que apartar porque me molesta. Al sacar el brazo de la manta, noto pelo.
-¡Droplet! -Mi peluda amiga, me vuelve a mojar la mejilla con su baba. -, ¿qué ha pasado,?, ¿dónde estamos?
Al levantar la vista, veo un montón de cuerpos tirados por el suelo - igual que yo - son mis compañeros. Empiezo a oír susurros, estamos atrapados. Alguien nos debía de haber llevado hasta allí sin esfuerzo. El autobús. Caigo enseguida en lo que ha pasado. Esos policías nos buscaban. Nos querían para algo.
-Chicos y chicas, estáis aquí, y estáis asustados, lo sabemos - de fondo se oye a alguien que pregunta qué significa <<sabemos>>. ¿Es que hay alguien más?  - y por eso he venido a explicaros qué pasa.
Me pregunto por qué tengo conmigo a Droplet. Yo me la dejé a salvo, en casa. ¿Habrán localizado mi hogar? Seguro. No la tendría aquí si no fuera por eso. Pero no lo entiendo. ¿Porqué me la han traído?
Dos días más tarde estoy en una habitación del hospital. Droplet está en la camilla contigua. Me levanto, la cojo y salimos a la calle. Voy dando tumbos hasta llegar a mi casa. Una vez allí, rebusco entre cajones y miro si falta algo. Entonces, alguien entra por la puerta. Lucy.
-¿Cómo has entrado?
-Te has dejado la puerta abierta - contesta mientras la cierra. No me había dado ni cuenta -. ¿Qué está pasando?
Yo no la oí, iba a la mía, buscando y recopilando previsiones, ropa, comida, la comida de Droplet y por si acaso, mi teléfono. Me dirijo hacia la entrada cuando Lucy me asió por el brazo.
-Light, Light, tranquilízate, ¿vale?, respira. A ver, cuéntame  exactamente qué te ha pasado. Te he visto por la calle caminando en un vaivén hasta tu casa.
-Suéltame.
-No. No hasta que me cuentes lo que ha pasado.
-Vale, vale, uf, es una larga historia. De acuerdo, a ver - intento relajarme, pero no puedo, no puedo.  Porque sé lo que está pasando.-, nos fuimos de excursión de fin de curso de la universidad. Cuando volvimos unos policías no nos dejaban pasar, así que nuestro profesor, salió del autobús para pedirles que se apartaran. Uno de ellos, dijo algo al que hablaba con nuestro profesor. Luego arrestaron a nuestro tutor y de  repente nos encontrábamos en una especie de fábrica, todos en el suelo - Lucy me miraba atentamente, esperando a que le contara la siguiente escena -  luego oí como una noticia que no paraba de sonar en mi cabeza. Decía que no teníamos que salir de nuestras casas, que si salíamos, estaríamos muertos. Había hombres vestidos con pasamontañas y, y… y capuchas de color negro. También dijo algo de que también tenían armas. Armas de fuego. Yo estaba muy asustada, mareada e indefensa - ahora en la cara simpática de mi prima, se plasmaba la incredulidad, no se lo creía  -  Ahora, ¿me sueltas?
Ella me suelta y se sienta al borde de un sillón rojo chillón, con dos cojines blancos con encaje dorado.
            -De acuerdo - se limita a decir. Se levanta, da tres vueltas a la habitación y se vuelve a sentar.
            Estamos en mi comedor. Tiene unos colores pastel muy bonitos. Verdes, rosas, morados… con ventanales tapados por cortinas blancas casi transparentes. Por ellos, entran los rayos del sol intensamente. Tengo un sofá rococó de un color blanco brillante. En una esquina, hay un diván color crema, esperando a que alguien se siente encima. Mi prima pasa de ese sillón color rojo chillón que parece desencajar en esta habitación, a uno orejero. Tiene detalles marrones bordeando sus formas. Las patas son del mismo color. En el centro de la habitación, hay una mesa minimalista, blanca, como casi todo lo demás. Estamos esperando a nuestros amigos, les hemos llamado para pedirles ayuda. Seguramente estarán de camino. Mientras, encendemos la televisión y ponemos las notícias, ahora mismo están haciendo anuncios, por lo tanto, no sabemos si han descubierto algo de lo que ha pasado.
-Están aquí -dice mi prima-, ahora vengo.
-¿Cómo lo sabes? - pregunto.
-Me han mandado un mensaje.
-Ah - en ese momento, suena el timbre - pues bueno, ves.
            Se oyen voces en el pasillo, entonces entran con mi prima. Drumplet, que estaba a mi piernas, ha ido a saludarles.
-¡Hola Light!, ¿nos necesitabas? - dice Charles, es un tipo alto, con ojos marrones, pelo rubio y rizado.
-Os necesito - Le corrijo.
-Mmm…- vacila - de acuerdo, dinos que quieres que hagamos y, bueno, lo hacemos.
-No, no se trata de… hacer y...y ya está - me explico. En realidad, no tengo todavía claro que vamos a hacer -. A ver, de momento, nos vamos a quedar en casa. No sabemos que está pasando, por eso hemos puesto las notícias, para averiguar algo, pero, por lo visto, un anuncio de crema para reducir arruguitas no creo que nos ayude. Podemos quedarnos, si hace falta, aquí a dormir. Hay tres habitaciones, somos seis: Jack, Eric, Charles, vosotros dormís en la habitación que da a la izquierda después de este pasillo. Bea, Lucy y yo, dormiremos en mi habitación; allí tengo un sofá-cama. Bueno, ahora podéis hacer lo que queráis hasta que anochezca.
            Al día siguiente, decidimos salir hacia la carretera.
-Por cierto, ¿dónde tienes pensado ir?
-Ummm -Creo que no se que decir, así que hago que me diga sitios al azar y yo poder decidir donde ir- Adivinalo.
-No se… ummm… ¿A la cafetería Coofee & Cookies? -de acuerdo, vayamos allí. Es un sitio relajado y apartado de la ciudad. Justo donde necesitamos.
-¡Exactamente! Que rápido has sido -disimulo-, ¡como un rayo!
-Ya lo se, es talento natural -se burla Eric.
-Basta ya de tonterías -Jack se asoma por detrás de los últimos asientos del coche de Bea-, tenemos trabajo. Además, ya tenemos bastante con el tráfico...
-De acuerdo -decimos todos al unísono. Eso desata unas carcajadas y risotadas que resuenan por todo el vehículo.
-Esperad, esperad, esperad - dice Lucy repetidamente, parece alterada- Bea, para el coche.
-De acu… ¿Pero qué?
            Hay un accidente a por lo menos a treinta metros de nosotros, así que nos acercamos lentamente. Dejamos el coche cuando estamos a quince metros y bajamos.
-Por favor apartaos- un agente nos corta el paso. Ya no me fío de estas personas. Ya no desde que le pegaron a nuestro profesor y nos encerraron en aquella fábrica sucia. Desde ahí, todo se volvió extraño, e inentendible.-, esta es una zona restringida.
-De acuerdo, pero dinos que pasa -le pregunta Charles al policía.
-Ha habido un accidente, ¿no lo ves?

Por el rabillo del ojo, vi una mujer de pelo rubio, y se parecía a ella…  Una lagrima se escapó de mis ojos. Le reconocí.