dimarts, 31 de març de 2015

Una historia cualquiera


Vuelvo a casa un día cualquiera después de terminar la universidad. Como, hago los deberes, me pongo el pijama. Leo. Me duermo. Sueño cosas preciosas, cosas preciosas que nunca ocurrirán en la vida real. Me gustaría.
Me vuelvo a dormir. Esta vez, está todo oscuro, no sueño nada…
Me despierto con una agradable sensación, me quedo en la cama tumbada, intentando recordar esos sueños. Pero, me resulta imposible ya que me olvido cuando entra Droplet. Mi border collie; es preciosa, su color blanco avainillado, con pequeñas manchitas marrones. Una de ellas, con forma de gota - que de ahí viene su nombre - está alrededor de su pardo ojo izquierdo.
-¿Cómo  está  mi chica?, venga -le digo-, seguro que  tienes  las  mismas ganas de almorzar que yo - mientras, la acaricio lentamente pensando qué preparar -.Vamos.
            Entre tanto, doy de comer a mi peluda compañera de piso, le pongo en el bol su desayuno y voy directamente a hacerme el mío. Por supuesto, me he lavado las manos antes.
            Normalmente, me apetecería un tazón de leche con cereales. Hoy no. Creo que me voy a hacer un zumo de naranja. Y tostadas; para variar un poco de vez en cuando.
            Mientras como, enciendo la televisión para ver las noticias. Normalmente no tengo mucho interés  por ellas, pero me llama la atención  que anuncien mi barrio. La chica que lo anuncia, va vestida muy extraña, extravagante y singularmente:  un vestido morado, con adornos amarillos y verdes. Zapatos naranjas y unas pulseras azules; no se quién la ha vestido, pero no estoy muy de acuerdo.
-Ha habido cuatro atracos en una semana, dos de ellos en la calle 42. Falleció con heridas muy graves un dependiente - me doy cuenta de que está hablando cuando acaba de dar la noticia. Estaba ensimismada y no es que me haya enterado de mucho, y decido buscar esa noticia por Internet.- que intentaba proteger sus ganancias. La familia está muy afectada - apago la tele, no me entretengo más.
Cuando acabo, limpio los platos sucios y me dirijo hacia mi habitación. Allí me visto, hago la cama y salgo al baño a peinarme. Como hace un buen día, decido salir a pasear con Droplet.
Nada más salir, nos encontramos con un perro que me resulta muy familiar.
            -¡Bonito, vuelve aquí, no quiero que te pierdas!
-Shh, Droplet, solo es un perro, no le ladres.
-Bonito… - ella me ve, está alta, pero su cara sigue igual. Me mira con una cara extraña, será que tengo la cara desencajada de la ilusión. ¡Hace tanto tiempo que no la veía! - ¡Light!, ¡Light!
-¿Lucy?, ¡Lucy!  - exclamo -, que alta estás - mientras lo digo, voy pegando saltitos de la emoción -, ¿tú también vives aquí?
-Oh, venga Light, solo han pasado dos añitos de nada, seguro que no ha sido para tanto.
-Aix, tan singular como siempre; pues sí, te he añorado.
-¿Seguro?
-Sí, incluso he llorado por tu desaparición. No, en realidad he estado fuera. Ya hace un mes que vivo aquí  ¿Y  tú?
 -Yo hace seis meses que me instalé aquí. Surgió trabajo, y vine. Actualmente, el trabajo que tengo es desde casa.
-Pero si trabajas con tu ordenador en casa, ¿por qué te mudaste?
-Por necesidad. Por necesidad y por dinero. Pero bueno, ¿tu estás bien?
-Sí - contesto sin más. En realidad, no me va tan bien. Tengo la familia al otro lado del continente. Espero ir a visitarla pronto-.
-Yo tam0bién.  Es  lo  que  cuenta.  Y  bueno,  yo  me  despido. - Parece  intranquila,  no  sé,  tiene  la  mirada  como…  perdida -  ¡Hasta  luego!
-¡Adiós,  disfruta  del  día!  - No  me  voy  tranquila,  pero  el  día  mejora  a  cada  hora  que  pasa-,  vamos  Droplet,  continuemos.
            Luego,  todos  los  días  eran  así.  Levantarse,  desayunar,  vestirse,  asearse,  ir  a  clase,  estudiar,  volver  de  clase,  comer,  pasear  a   Droplet,  etc.  Hasta  la  navidad.  Siempre  se  oían  disparos  por  las  noches,  por  suerte  solo  eran  bolitas  de  plástico.
            En  la  universidad,  propusieron  hacer   un  viaje  de  fin  de  curso.
            Cuando  volvimos,  había  policías  por  todas  partes,  y  sus  coches  no  nos  dejaban  pasar,  así  que  nuestro  profesor  bajó  del  autobús  para  saber  que  pasaba  y  para  pedir  a  los  agentes  dejarnos  pasar.  Su  conversación  empezó  muy  educada  y  muy  formal,  un  compañero  del  policía,  se  acercó  y   susurró  algo  a  la  oreja  a  su  amigo.  Este,  inmediatamente,  pegó  una  bofetada  a  nuestro  profesor  y  le  puso  las  esposas.  Estábamos  asustados.   No  sabíamos  lo  que  pasaba.
            -No  salgan  de  sus  casas,  si  lo  hacen,  están  muertos.  No  comprendemos  qué  está  pasando, solo sabemos que es algo muy malo, hay personas con capuchas y pasamontañas negros. Llevan armas - Recuerdo esa noticia como mi propio nombre, no hace mucho que la he escuchado. No sé dónde estoy. En mi casa, está claro que no -. Mucho cuidado.
            Alguien me lame la cara y yo me tengo que apartar porque me molesta. Al sacar el brazo de la manta, noto pelo.
-¡Droplet! -Mi peluda amiga, me vuelve a mojar la mejilla con su baba. -, ¿qué ha pasado,?, ¿dónde estamos?
Al levantar la vista, veo un montón de cuerpos tirados por el suelo - igual que yo - son mis compañeros. Empiezo a oír susurros, estamos atrapados. Alguien nos debía de haber llevado hasta allí sin esfuerzo. El autobús. Caigo enseguida en lo que ha pasado. Esos policías nos buscaban. Nos querían para algo.
-Chicos y chicas, estáis aquí, y estáis asustados, lo sabemos - de fondo se oye a alguien que pregunta qué significa <<sabemos>>. ¿Es que hay alguien más?  - y por eso he venido a explicaros qué pasa.
Me pregunto por qué tengo conmigo a Droplet. Yo me la dejé a salvo, en casa. ¿Habrán localizado mi hogar? Seguro. No la tendría aquí si no fuera por eso. Pero no lo entiendo. ¿Porqué me la han traído?
Dos días más tarde estoy en una habitación del hospital. Droplet está en la camilla contigua. Me levanto, la cojo y salimos a la calle. Voy dando tumbos hasta llegar a mi casa. Una vez allí, rebusco entre cajones y miro si falta algo. Entonces, alguien entra por la puerta. Lucy.
-¿Cómo has entrado?
-Te has dejado la puerta abierta - contesta mientras la cierra. No me había dado ni cuenta -. ¿Qué está pasando?
Yo no la oí, iba a la mía, buscando y recopilando previsiones, ropa, comida, la comida de Droplet y por si acaso, mi teléfono. Me dirijo hacia la entrada cuando Lucy me asió por el brazo.
-Light, Light, tranquilízate, ¿vale?, respira. A ver, cuéntame  exactamente qué te ha pasado. Te he visto por la calle caminando en un vaivén hasta tu casa.
-Suéltame.
-No. No hasta que me cuentes lo que ha pasado.
-Vale, vale, uf, es una larga historia. De acuerdo, a ver - intento relajarme, pero no puedo, no puedo.  Porque sé lo que está pasando.-, nos fuimos de excursión de fin de curso de la universidad. Cuando volvimos unos policías no nos dejaban pasar, así que nuestro profesor, salió del autobús para pedirles que se apartaran. Uno de ellos, dijo algo al que hablaba con nuestro profesor. Luego arrestaron a nuestro tutor y de  repente nos encontrábamos en una especie de fábrica, todos en el suelo - Lucy me miraba atentamente, esperando a que le contara la siguiente escena -  luego oí como una noticia que no paraba de sonar en mi cabeza. Decía que no teníamos que salir de nuestras casas, que si salíamos, estaríamos muertos. Había hombres vestidos con pasamontañas y, y… y capuchas de color negro. También dijo algo de que también tenían armas. Armas de fuego. Yo estaba muy asustada, mareada e indefensa - ahora en la cara simpática de mi prima, se plasmaba la incredulidad, no se lo creía  -  Ahora, ¿me sueltas?
Ella me suelta y se sienta al borde de un sillón rojo chillón, con dos cojines blancos con encaje dorado.
            -De acuerdo - se limita a decir. Se levanta, da tres vueltas a la habitación y se vuelve a sentar.
            Estamos en mi comedor. Tiene unos colores pastel muy bonitos. Verdes, rosas, morados… con ventanales tapados por cortinas blancas casi transparentes. Por ellos, entran los rayos del sol intensamente. Tengo un sofá rococó de un color blanco brillante. En una esquina, hay un diván color crema, esperando a que alguien se siente encima. Mi prima pasa de ese sillón color rojo chillón que parece desencajar en esta habitación, a uno orejero. Tiene detalles marrones bordeando sus formas. Las patas son del mismo color. En el centro de la habitación, hay una mesa minimalista, blanca, como casi todo lo demás. Estamos esperando a nuestros amigos, les hemos llamado para pedirles ayuda. Seguramente estarán de camino. Mientras, encendemos la televisión y ponemos las notícias, ahora mismo están haciendo anuncios, por lo tanto, no sabemos si han descubierto algo de lo que ha pasado.
-Están aquí -dice mi prima-, ahora vengo.
-¿Cómo lo sabes? - pregunto.
-Me han mandado un mensaje.
-Ah - en ese momento, suena el timbre - pues bueno, ves.
            Se oyen voces en el pasillo, entonces entran con mi prima. Drumplet, que estaba a mi piernas, ha ido a saludarles.
-¡Hola Light!, ¿nos necesitabas? - dice Charles, es un tipo alto, con ojos marrones, pelo rubio y rizado.
-Os necesito - Le corrijo.
-Mmm…- vacila - de acuerdo, dinos que quieres que hagamos y, bueno, lo hacemos.
-No, no se trata de… hacer y...y ya está - me explico. En realidad, no tengo todavía claro que vamos a hacer -. A ver, de momento, nos vamos a quedar en casa. No sabemos que está pasando, por eso hemos puesto las notícias, para averiguar algo, pero, por lo visto, un anuncio de crema para reducir arruguitas no creo que nos ayude. Podemos quedarnos, si hace falta, aquí a dormir. Hay tres habitaciones, somos seis: Jack, Eric, Charles, vosotros dormís en la habitación que da a la izquierda después de este pasillo. Bea, Lucy y yo, dormiremos en mi habitación; allí tengo un sofá-cama. Bueno, ahora podéis hacer lo que queráis hasta que anochezca.
            Al día siguiente, decidimos salir hacia la carretera.
-Por cierto, ¿dónde tienes pensado ir?
-Ummm -Creo que no se que decir, así que hago que me diga sitios al azar y yo poder decidir donde ir- Adivinalo.
-No se… ummm… ¿A la cafetería Coofee & Cookies? -de acuerdo, vayamos allí. Es un sitio relajado y apartado de la ciudad. Justo donde necesitamos.
-¡Exactamente! Que rápido has sido -disimulo-, ¡como un rayo!
-Ya lo se, es talento natural -se burla Eric.
-Basta ya de tonterías -Jack se asoma por detrás de los últimos asientos del coche de Bea-, tenemos trabajo. Además, ya tenemos bastante con el tráfico...
-De acuerdo -decimos todos al unísono. Eso desata unas carcajadas y risotadas que resuenan por todo el vehículo.
-Esperad, esperad, esperad - dice Lucy repetidamente, parece alterada- Bea, para el coche.
-De acu… ¿Pero qué?
            Hay un accidente a por lo menos a treinta metros de nosotros, así que nos acercamos lentamente. Dejamos el coche cuando estamos a quince metros y bajamos.
-Por favor apartaos- un agente nos corta el paso. Ya no me fío de estas personas. Ya no desde que le pegaron a nuestro profesor y nos encerraron en aquella fábrica sucia. Desde ahí, todo se volvió extraño, e inentendible.-, esta es una zona restringida.
-De acuerdo, pero dinos que pasa -le pregunta Charles al policía.
-Ha habido un accidente, ¿no lo ves?

Por el rabillo del ojo, vi una mujer de pelo rubio, y se parecía a ella…  Una lagrima se escapó de mis ojos. Le reconocí.

Cambios para el mundo

20 de junio. Madrid. Calor asfixiante. Fin de curso.
Vitalia sabe que debería estar celebrando la llegada del verano. Pero, sencillamente, no puede. No es porque vaya a echar de menos a sus compañeros de clase, ni mucho menos. Como mucho, añorará a sus amigos de toda la vida, que se van al pueblo donde ella solía veranear, hasta que llegó la crisis. Vita no se emociona con el buen tiempo, pues sabe que se va a pasar otro verano encerrada en su piso de la ciudad, sin aire acondicionado, como los últimos tres veranos.
Por ese motivo no quiere llegar a casa esa tarde. Va andando por la calle bajo un sol de justicia con las notas en la mano. Tiene unos resultados normales, es una más del montón. Aún le queda un kilómetro hasta su casa, así que entra en una tienda. La atiende un chico sudamericano. Entonces, detrás de él, ve un cartel:

Se buscan voluntarios para un campamento experimental en Gales (Reino Unido)
Interesados ponerse en contacto con:
Tlf:447878030876  E-mail: expcamp@gmail.com


Vita se atraganta con el agua que había empezado a beberse y le pregunta al encargado:
      -     ¿Perdona, tienes información sobre ese campamento?
No, pero puedo explicarte de qué se trata. Es una nueva idea de campamento, ya que es como trasladarse a la Edad Media. Los participantes pasarán dos semanas como si hubiesen retrocedido en el tiempo. Los gastos del viaje corren a cargo de la empresa y la única cosa que hay que pagar es el billete de avión.
El encargado también le da una hoja informativa y Vita retoma el camino hacia su casa. Es una oportunidad única y va a intentar aprovecharla.
   Un cuarto de hora más tarde ya está contándole a su madre lo del anuncio. A ella le parece muy buena idea, hasta que llegan al punto del billete.
Vita, sabes que tu padre y yo te queremos mucho, pero no podemos pagar el billete. Con los estudios de tu hermano y los gastos mensuales, no podemos permitirnos nada más. Lo siento.

Vita se va enfurecida a su habitación. Ella no tiene la culpa de que su padre perdiese  mucho el dinero en el juego. En ese instante, se le ilumina la bombilla. Tiene un poco de dinero ahorrado y, si no es suficiente, puede decirles a los del campamento que se lo adelanten y ella trabajará en el campamento como recompensa.

21 de junio. Madrid. Cielo nublado. Mismo calor asfixiante que el día anterior.
 Vita llamó ayer al número del campamento. Ella tiene un nivel de inglés aceptable. Le dijeron que quedaban pocas plazas para el campamento y ella también les comentó lo del billete. Al principio fueron reacios, pero después le dijeron que si les enviaba un certificado de la renta de sus padres, hablarían.
Los padres de Vita finalmente la apoyan y envían el certificado.
22 de junio. Madrid. Día soleado. Corre un poco de brisa.
Los del campamento explican sus condiciones. Vita deberá ayudar en las cocinas a preparar todas las comidas del día, sin excepciones. En breve, Vita recibirá una carta con el dinero para el billete.
El verano, poco a poco, va arreglándose.

29 de junio. Cardiff. Día nublado. Hace un poco de frío para ser verano.
Ha pasado una semana y Vita, aún sin creérselo, acaba de aterrizar en Cardiff (Gales). A continuación ha cogido un tren que se dirige a Conwy, la ciudad medieval más famosa de Gales, y en la cual se encuentra el campamento. Durante el viaje, Vita va observando el paisaje verde y exuberante de los prados galeses.
Por fin, unas horas después, Vita llega a la estación más cercana a Conwy.
Un monitor la está esperando. Le explica que va a acompañarla hasta el campamento. O eso cree haber entendido.
Suben en un bus y, en apenas dos paradas, vuelven a pisar el suelo.

Se han parado delante del castillo de Conwy. Vita busca con la mirada el hotel o albergue en el cual debe hospedarse, pero su monitor se dirige al castillo en ruinas. Vita acaba de descubrir donde va a pasar los próximos días.

30 de junio. Castillo de Conwy. Día nublado (otra vez) y con alerta por lluvias.
Ayer Vita se quedó un rato en la puerta, maravillada ante el espectáculo que percibían sus ojos. Era como si hubiese viajado en el tiempo, ya que a su alrededor habían montado un mercado tal y como debía ser a finales de la Edad Media. Había un herrero perfilando una espada, un zapatero arreglando las botas de un campesino, una señora vendiendo telas e hilos para nuevas prendas…

Vita observó que todos los campesinos que había comprando rondarían su misma edad. Ella siguió al monitor hacia la que iba a ser su habitación durante un tiempo. Se instaló y, más tarde, antes del anochecer, una chica llamó a su puerta y la acompañó hasta la cocina.

La cocina era en realidad una tienda de campaña marrón. Lo que no se
imaginaba Vita era que la comida también debía ser preparada como en la Edad Media. Así que tuvo que ayudar a preparar un estofado de ternera en una olla con una fogata debajo. Tardó varios siglos en hacerse.
Hoy se ha levantado a las cinco para cocinar gachas de avena, que serán el desayuno de sus amigos campesinos.
Seguidamente, todos los integrantes del campamento han ido a la costa, que está a solo un kilómetro a pie desde el castillo. Hoy van a subir en un antiguo barco medieval. La intención es aprender cómo se viajaba en esa época.
Los treinta chicos y chicas suben al barco, seguidos de los monitores y el capitán. Al poco rato la gente se dispersa y se dividen en grupos, mientras los monitores les explican las partes del barco y les enseñan los camarotes.

Cuando ya llevan tres horas navegando, el cielo se torna más oscuro y una densa niebla envuelve el navío. Vita huele un hedor en el aire y se desmaya.

Cuando despierta, Vita no sabe si han pasado minutos o horas, pero lo que sí sabe es que está atada de pies y manos a un mástil. Y que sus compañeros y monitores están en su misma situación.
-      Bueno, bueno, ¿pero qué tenemos aquí? Una panda de inglesitos vestidos de época y dándose un paseo por el mar. Y supongo que vendrán con carteras llenas de libras…-dijo un hombre con ropas de vagabundo y dientes negros como el tizón. Lo más sorprendente, es que sólo lo pudo entender Vita, ya que hablaba español.
Sus compañeros la miran con temor y súplica, ya que creen que es la única capaz de entenderse y razonar con él. Ella se armó de valor e intentó que no le temblara la voz cuando dijo:
Pues la verdad es que no, no llevamos ni un céntimo encima.
¡Anda, mira! Pero si tenemos a una españolita por el mundo. Sabes mejor que nadie que en España la vida es horrible; casi seis millones de parados y la situación no mejora. Nosotros robamos a los ricos que surcan estos mares con sus yates para poder sobrevivir. En España tenemos familias que alimentar.
Os entiendo, pero esta no es la manera. Volved a España e intentad cambiar las cosas allí. Es difícil pero no imposible. Sé que las cosas están muy mal, pero nada es eterno.
En ese instante, los ladrones, que parecen sufrir alguna deficiencia mental, se dan cuenta de que Vita tiene razón. Deberían intentar arreglar las cosas desde dentro, no hacer lo que les habían hecho a ellos antes con diferentes métodos. Vita los ha hecho reflexionar y, por ese motivo, dejan libres a todos los que van con ella.
Antes de irse, Vita les deja su e-mail y su número de teléfono, para cuando vuelva a Madrid. Espera poder razonar con esos ladrones y, por qué no, intentar arreglar el mundo.

3 de septiembre. Madrid. Calor asfixiante de nuevo.

Vita llega al bar diez minutos antes de la hora prevista. Se sienta en una mesa en la terraza y mira la pantalla del móvil para entretenerse. A los pocos minutos aparece un hombre con las mismas ropas de vagabundo que dos meses atrás. Vita lo invita a sentarse y ambos piden un refresco.

¿Y bien? ¿Cuál es tu plan genial para salvar el mundo? En el último mes y medio he dejado los mares, he vuelto a España y todo sigue igual.- constata el vagabundo.
Pues… verás, no tengo un plan que vaya a solucionar este problema rápidamente.- responde Vita.
Lo suponía.
Pero tengo una propuesta para ti.
Sorpréndeme.
Acaban sus refrescos y Vita paga la cuenta. A continuación ella le pide que la acompañe.
Caminan por las calles de Madrid hasta llegar  las puertas del hospital La Paz.

¿Por qué estamos en un hospital? ¿Acaso quieres que ingrese en psiquiatría?- pregunta de nuevo el vagabundo, que se ha pasado todo el camino haciéndole preguntas a Vita y despotricando sobre la situación de la sociedad española.
Tú solo sígueme.
Entran en el edificio y suben a la primera planta. Vita habla con la enfermera de la recepción y cuando acaban le indica el número de habitación, la 107. El vagabundo está perplejo, no sabe qué pretende Vita. Entonces entran a la habitación y ven a un niño sin pelo en la cabeza, de unos diez años, postrado en una cama de un blanco inmaculado.

¡Hermanita! - grita el niño, emocionado.
Vita corre hacia la cama y se funden en un abrazo.
¿Este es el pirata terrible del que me hablaste?- pregunta el niño inocentemente.
Sí, es este, pero Juan, no es terrible, en realidad es una buena persona y te va a contar su historia.
El vagabundo se ha quedado sin habla. No se esperaba acabar en esa situación. Pero, tras unos segundos, se sienta en una silla al lado de Juan y empieza a relatarle sus aventuras.
Vita se sienta también a escuchar. El tiempo parece detenerse.
Al cabo de unas horas, ya ha anochecido y una enfermera le trae la cena a Juan. Vita se despide de él y el vagabundo también. Cuando ya salen por la puerta, Juan pregunta:

¿Volverás a verme y a contarme más historias de piratas?
El vagabundo parece pensárselo dos veces, pero al final accede.
Claro que sí, grumete.

Vita cierra la puerta a sus espaldas y se explica:
Este es mi plan para cambiar el mundo. No puedo solucionar los problemas de todos los españoles, pero puedo empezar por un pequeño círculo, como este. Estos niños están cansados de los payasos que ya no les hacen ni gracia, que solo vienen por recibir un sueldo a cambio. Estos niños quieren gente honrada que los ayude a evadirse de sus enfermedades, aunque sea solo por unos minutos. ¿Qué me dices? ¿Volverás?
Por supuesto.
Y es que, durante esa tarde, el vagabundo se había dado cuenta de muchas cosas, que a veces los problemas que tenemos no son tan graves y maximizamos situaciones realmente estúpidas. Como Gandhi dijo una vez: Sé tú el cambio que quieras para el mundo.

Psicologia humana

Una de la matinada , vehícle negre , Conductor de cabell blanc , ulls ovalats , foscos , faccions remarcades ,mirada mordaç , llueix una  camisa blanca  adornada amb dos llànties d'oli , texans desgastats , mocassins negres .

-Al carrer  de Sant  Agustí per favor.

-Clar cavaller.

-Fa un fred del dimoni eh¡.

-si , ací a Madrid la nit refresca prou.

-És vosté d'ací?

Silenci incòmode , és  curiós el ser humà , capacitat per a ser el geni dels diàlegs i tan incivilitzat a voltes com per a acurtar les possibilitats  de contacte.

-Hem  arribat , són deu euros.

-Moltes gràcies cavaller , ací té i que li siga lleugera la nit.

Carrer desert , la suau brisa de la nit acaricia les fulles dels arbres . Una jove  de cutis moré , cabell  fosc com la nit  ,  lluïx un vestit roig  els  faldons del qual es balancegen de forma lleugera a causa de l'aire . Amb les seues delicades mans , obri la porta del cotxe i s'acomoda dins.

-Bona nit senyoreta .-Va dir el conductor mirant de reüll la xica pel retrovisor.

-Bona nit ,seria tan amable de portar-me al bar "La gloria"?.

-Encantat estaré d'això , vaja esta nit toca festa eh?.

-Ha ha  això pareix , bo en realitat he quedat allí amb els meus pares , vénen de visita i vaig a ensenyar-los un poc la ciutat.

-Estudies ací?

-Si , sóc de Càceres , porte dos anys ací estudiant econòmiques.

-Vaja  vaja una xicoteta matemàtica . Jo d'haver estudiat  haguera triat filologia hispànica , saps les lletres m'apassionen , les ciències i les matemàtiques són com molt no sé...molt  fredes , molt flegmàtiques.

-Bo jo sempre he mostrat simpatia per les lletres , al cap i a la fi és l'única forma que té el ser humà de poder expressar el que sent . Tots tenim un secret tancat sota clau en l'àtic de l'ànima.

-Vaja , m`he trobat  amb una romàntica empedreïda.

-No ha ha , per a res , és una frase de l'escriptor Carlos Ruíz Zafón el qual  és un dels meus preferits . 

-Mmm per un moment m'havies enganyat joveneta , bo em deixe ja d'històries que hem arribat al seu destí , la veritat que m'ha fet passar una estona la mar d'agradable .

-El mateix dic , ja sé quin  taxi agafar per a la próxima.Fins un altra


És aquesta  llum d'hivern   entre les cinc i les tres  ,quan  no hi ha cel sinò núvols ,crec  que ningú la veu ,al igual que ningú veu els pardals  però sí que olen el café  i les torrades clixé .,segur que no mosseguen la polpa àcida mentres es banyen en sals mortals. El client que va entrar  a continuació en el vehícle , va entrar  com un terratrémol  deixant darrere tot tipus de pudors i formalismes.  La confiança es va apoderar de la situació i la conversació va ser fluida entre els dos  individus.


-Vaig   perdut  pels  carrers de Madrid. Les capitals són asfixiants.

-Sempre m'han cridat l'atenció els espais grans , inciten a la llibertat , i saps ,aquesta ens para molt bé  als sers humans. 

-Sempre i quan no acabes amb la llibertat del del costat .

-Ja ho sé , en això es basa la convivència ,però no ens estan llevant la puta llibertat eixos pispes del sistema?

 -Ja comences a estirar d' hipèrbole benvolgut amic , com t'agrada exagerar ... 

-El poble no hauria de témer els governants , els governants haurien de témer el poble.

-Vaja ara t'has tornat fanàtic del cine , m'agrada ,m'agrada molt ha ha ha.

-Maleïda siga , pareixem dos tristos poetes de la generació del 98.  

-I no et sembla genial?

-Absurda és la paraula.


Què intimidants i grandioses resulten al mateix temps els carrers de Madrid ,  és tot tan ridícul i al mateix temps tan poètic , que la irrisió es disfressa de poesia.

-Vaja portem com a mitja hora de xerrameca i encara no m'ha dit on vol que el porte.

-A cap lloc en realitat , o a molts ...Hi ha  tant per a veure ¡I no sols ací...M'agradaria   anar per exemple a ...a Salamanca , no¡ A ...a Barcelona , si això és a Barcelona , ciutat de poetes i romàntics , enamorats de la vida bohèmia ...La meua  volguda Barcelona.

-  I diga'm amic , amb quin  ofici es guanya la vida , o és un d'eixos afiliats a làtur?

-La veritat és que vaig estudiar una carrera no molt ben  vista pels meus pares , em deien que estava destinat a viure en la misèria , i saps que li contestava jo?

-.Diga-m'ho home .

-Que mai es pot viure de forma miserable fent el que a un li agrada , bo parlant metafòricament clar , perquè fotre  no tinc ni un dur  amic meu...

 -Es pot saber que vas estudiar?

-Filosofia , la  cosa que  més m'ha cridat l'atenció sempre és la pregunta filosòfica de per què estem ací i la mort .Em  fan por les fronteres del coneixement relativista i quàntic i per això , no veig res més apassionant  que quelcom que em fa por , perquè està completament fora de l'abast humà.

-Vaja quina  nit més curiosa , m'he trobat  amb un filòsof , maleïda siga¡¡  I deien que ser taxista era avorrit i monótom , valga'm Déu quina nit ¡¡

-A vegades bec , bo en realitat bec molt sovint , és l'única forma de passar una bona estona o millor dit d'oblidar-se  que un existix , la gent creu que es tracta de descontrol , però jo crec que es tracta de tot el contrari , és una forma de controlar la meua vida , de limitar les meues emocions , impedir que fluïsquen , paralitzar el meu cervell  ...

-Vaja...Mai  no havia pensat en això , maleïts tòpics , fan que tingues una perspectiva molt simple de les coses  quan en realitat tot és molt més complicat , tot té un rerefons , els tòpics fan als hòmens conformistes  Amic meu la conversació potser haurà sigut la més interessant que he tingut en tota la meua vida , però tornant a la realitat i al cru món material , estic de guàrdia ,le va bé si li pare ací?No li cobraré."

-Clar home , faltaria més , els diners a un no li'ls regalen , supose que em quedaré disfrutant un poc de la nit i els foscos carrers de Madrid , moltes gràcies per fer menys amarga aquesta nit , podria dir que fins i tot  ha sigut entretingut. 

Feia un fred insuportable , se li gelaven les mans , el seu cos començava a tremolar però el que verdaderament li gelava el cor era la melancolia que tenia per l'abandó de María 

-Bona  nit , al carrer Legazpi per favor.

-Fa fred eh?

-Deies?

-Que fa molt  de fred.

-Ah¡ I que ho diga ¡

-Encara que podria endevinar que eixa cara no la porta vosté a causa del fred.

- No , la veritat que no,. té vosté bon ull pel que veig.

-Com s'anomena ella? 

L'home d'ulls color mel va suspirar  , va posar els seus grans ulls en blanc i es va disposar a parlar.

-Maria. Em té boig de veritat , em lleva el son  , no tinc fam , el meu organisme està morint a poc a poc , sense ella sóc nihilista . El seu cutis moré  em trasbalsa , el seu cabell sedós em té atrapat , la seua cintura de vespa em té fascinat , els seus dos grans ulls verds són com dos joies en un desert . Sincera com cap altra , mai ha conegut la maldat , divertida , excèntrica , obsessa del cine i la lectura , dels Beatles , de la tortada de formatge , dels pianos de cua ...MaleÏda  María suplixes la puta perfecció , amb tu és possible arribar a l'exextasis.

-Ho lamente molt per vosté , esta ben  fotut cavaller , enamorar-se és la pitjor de les epidèmies del Segle XXI . 

-Em  pregunte com la gent és capaç d'enamorar-se amb tanta facilitat  i com és de dura la impossibilitat de l'amor .

-A que et referixes amb això d'impossibilitat? 

-A que  no existeix  l'amor etern , ens han menjat el cap amb mites sobre la mitjana taronja i la resta de fantasies promocionades per Walt Disney , fins i tot  uns científics van dir que l'enamorament durava tres anys i després  es  tractava de comoditat.

-Quina cosa més lletja has fet.

-A que et refereixes?

-Has definit l'amor com alguna cosa  científica , que collons  us  passa a tots? L'amor ix de dins , es tracta dels sentiments , no de cap experiment científic .

-Es  tracta de María , m'està matant , i no només  parle de mancança espiritual , també  de mancança física  ,les meues  funcions vitals han passat a un segon pla .Els  dilluns es posa eixa falda de volantets blaus turquesa que tant m'agrada , els dimarts ix a comprar el pa , els dimecres m'agrada la seua forma de mirar-me , els dijous em captiva la forma en què es lliga les sabatilles , els divendres ix a ballar amb les seues amigues , els dissabtes lluïx un vestit color avellana que li senta de vici i els diumenges llig el periòdic .No és fantástica?.I  me la volen furtar  , me  l'estan arrabassant i jo ...Jo no puc consentir-ho entens ,  maleïda siga  i Jo...jo em quedaré soles  I.  que m' ofegue  en les meues pròpies llàgrimes , que els meus ulls han vist més llàgrimes que els de la pròpia tristesa , i que sóc la pena personificada vestida amb colors vius , que no és temps de dols , és temps de revolucions i de sabors. Per més que ho intente la tristesa s'aferra , la melancolia m'abraça amb les seues mans més feres i em deixa sense respiració a la vora de la tragedia  , la pitjor tragèdia mai vista , i de la meua mà porte a la soledat , cansada d'estar sola refugiant-se en la més mínima figura. 

-Però qui se l'emporta?

-El càncer se l'emporta , mai oblidaré el moment en què aquell homenet de bata blanca va pronunciar eixes sis lletres  , càncer , de mama collons  de mama  , la pell se'm va eriçar , un amarg  eriçó em va recórrer l'esquena , les meues mans tremolaven com si d'un terratrémol es tractara.,  , una suor freda em feia companyia , i el cor se'm va congelar  , per sempre

-Saps? Quan et passa alguna cosa  així , és com si res al teu voltant existira , com si esclatara una guerra , el millor de que se't congele el cor és que et fa fort , no et dol res , has patit tant  que acabes acostumant el teu cos al dolor fins que forma part de tu , del teu dia a dia .Vore-la  sense el seu preciós cabell  amb el cutis pàl·lid , amb els ulls plorosos intentant contindre les llàgrimes per a no donar peu a la compassió , se li ha apagat la brillantor de la mirada , les ganes de viure , ella ja és morta , ha mort espiritualment , ha mort , només queda un cos que es va marcint pococ a poc.

Morir-se és una autèntica  merda , l'amor de la meua vida se'n va , se'n va per a no tornar , només em queden un grapat de fotos seues , de pertinences seues que no la representen per a res , és molt fred , les fotografies són molt fredes , únicament mostren una figura , com defenien els filòsofs el ser humà és un compost de cos i ànima , i la seua ànima es va a perdre , i això em mata .

-I que hi ha dels records?Com va dir Ciceró:La vida dels morts , perdura en la memòria dels vius.

Moltes vegades , no tot el que creiem que ens representa és cert , les representacions són odioses, ens posen etiquetes com  som  ,  que representem ?, , .Un  taxista pot fer molt  més per les persones que molts psicòlegs , perquè a vegades molta gent només necessita que algú els escolte i que no els conega prou com per a jutjar-los .

SUSPIRÉ HONDO


Suspiré hondo, cerré los ojos tres segundos, uno, dos, tres... Los abrí, todo seguía igual. Me preguntaba por qué siempre terminaba pensando en el dolor, escribiendo sobre él, llegué a la conclusión de que amaba la vida y todo lo que en ella había, pero que eso no me inspiraba, que era el sufrimiento, la fealdad, lo que hacía latir mis palabras, así que con bolígrafo en mano, me dispuse a plasmar aquello que me oprimía el pecho, aquello que siempre quería gritar, pero prefería callar.
Es curioso el ser humano, puede convertirse en pura insensibilidad, ambición y egoísmo, destruir todo aquello que hay a su alrededor, pero puede hacer todo lo contrario, puede dolerle tanto el sufrimiento de los demás que acalle el suyo propio para mantenerlos a salvo, ahí la destrucción se produce dentro de uno mismo. Yo llevaba con mi etiqueta de fuerte más tiempo del que podía recordar, había vivido mil situaciones malas, había soportado el dolor ajeno y lo había aplacado susurrando al oído de las personas que se apoyaban vulnerables en mi hombro, suspirando y moqueando: “todo estará bien, mañana saldrá el sol”, me había tomado tan en serio mi papel de salvadora que prácticamente había desaprendido a decir lo que realmente sentía, y por supuesto, ya no recordaba cómo se pedían los abrazos, cómo se lloraba en el pecho de alguien dando bocanadas y soltando pequeños gritos, o gritos inmensos, como si el mundo se acabara y la vida se te escapara de entre los dedos.
No me arrepentía de haber colaborado en mejorar el estado anímico de cuantos seres queridos lo hubiesen necesitado, pero también es cierto que había terminado por sentirme sola, y eso a su vez había provocado un autoanálisis constante que había creado una relación tremendamente estrecha conmigo misma, pero que me había alejado de los demás. También me había servido para sumergirme en aquello que yo consideraba trascendental, en la vida, en el ser humano como unidad, si es que eso existe, y sobre todo en la sociedad y todo lo que esta conlleva, la religión, las creencias, los prejuicios…
Leí todo lo que mi tiempo me permitió, percatándome de cuán pequeño es lo que sabemos, y de la inmensidad de aquello que desconocemos, pero ese descubrimiento me hizo mucho bien, puesto que le dio un sentido a mi existencia, quería que esta fuera un camino centrado en descubrir y comprender todo aquello que el tiempo me permitiera, donde se le diera mucho más valor a buscar respuestas que a encontrarlas, ya que la gracia del asunto era hacer más clara la oscuridad, no eliminar esta para sustituirla por una luz blanca, que ciega y atonta.
Pensé mil veces en quién quería ser, pero me di cuenta de que ese era un mal comienzo, puesto que lo verdaderamente importante era saber quién era en aquel momento, qué había hecho que lo fuera y si me gustaba. Tengo que admitir que la respuesta a esa última pregunta era afirmativa, era un caos, llena de contradicciones, de melancolía y rabia en algunas ocasiones, de seriedad en la mayoría, y de profunda reflexión en cada rincón de su atolondrada alma, pero tras esa coraza aparentemente infranqueable de dureza, se encontraba un corazón vulnerable, que latía acelerado, asustado porque las circunstancias y su modo de afrontarlas lograron que olvidara cómo se pide ayuda, y muchas veces la soledad se asomaba triunfante, enseñando los dientes, desafiando con escarnio.
Hubo un tiempo en que me rebelé, un tiempo donde seguí sin decir lo que sentía, sin mostrar mi sufrimiento, pero sí mi enfado, y lo hice notar entre aquellos a quienes quería culpar, pero ya no buscaba culpables, ahora mi verdadera lucha no consistía en el perdón, etapa ya superada, ahora lo que verdaderamente me preocupaba era mi incapacidad para reducir ese sentido de la responsabilidad que tenía inscrito en mí. No quería volverme egoísta, pero puede que sí más libre.
En cuanto a esa libertad, había un tema que me atormentaba especialmente, la religión, siempre tan presente en mi vida, ya que gran parte de mi familia era cristiana, pero no de esos que van a misa los domingos y luego hacen lo que les da la gana, no, para ellos era una forma de vida, y eso obviamente se había trasladado a la mía.
Me enseñaron a rezar a Dios y a pedirle lo que necesitara, a contarle lo que sentía y, por supuesto, a pedirle perdón si pecaba. El pecado, una palabra que ahora me divierte, pero que en mi infancia y principios de mi adolescencia me tuvo coartada, aunque realmente me duró poco, puesto que en mi interior nunca hubo una fe ferviente ni ganas de aferrarse a una esperanza vieja y decrépita, que mostraba las encías sin dientes en una sonrisa tan aterradora que resultaba cómica. Mira que hubo ocasiones en que esta me tendió la mano, pero yo nunca se la cogí, mi elección siempre acabó siendo vivir en la cruda y maravillosa realidad, aunque lo intenté, infinidad de veces intenté creer en esa realidad espiritual que nos mece hasta dejarnos dormidos, si no drogados, pero lo hacía por mi familia, porque sabía que no podía decepcionarles, como habían hecho el resto, porque para ellos no era una cuestión de meras creencias, hablábamos de vivir eternamente todos juntos y felices, o de morir definitivamente por desobediente e insurrecta.
Como yo estaba considerada la salvación de la familia, la niña buena, correcta y responsable, esa presión aún me daba más ganas de estallar, de gritar que no era quien ellos esperaban que fuera, que no iba a dejar de leer libros de filosofía porque fuera en contra de lo que ellos defendían. Pero a pesar de todas esas razones, yo nunca he sido una persona valiente, así que decidí guardar las apariencias, nunca hablaba de religión con ellos, ni tampoco de mis pensamientos sobre el mundo, el ser humano y la sociedad, me limitaba a asentir, a sonreír irónicamente y a asistir a esas reuniones, todo por cobardía.
Fue entonces cuando mi hermano interrumpió mis pensamientos:
  • Vístete, ya nos vamos.
Hacía dos meses que mi abuelo había muerto, en los últimos apenas habíamos hablado, porque me quiso juzgar, quiso decirme lo que tenía que hacer y me dijo que si no lo obedecía para él habría muerto, obviamente me negué, de modo que perdimos toda comunicación.
Pero antes de que yo me reafirmara en mis convicciones y él pretendiera cortar mis alas había supuesto una persona muy importante en mi vida, con él había hablado de infinidad de cosas, había reído y llorado, me hizo reflexionar cuando tuve malos comportamientos con otros miembros de mi familia, aunque casi siempre estuvo de mi parte, no obstante, al final de su vida se volvió controlador e incluso mentiroso, hecho que nunca llegué a comprender, puesto que se podía confiar en mí y jamás hubieran hecho falta tales artimañas. Pero así fue como acabó nuestra relación, tan solo silencio.
Salí de mi cuarto, mi hermano y yo cerramos la casa y entramos en su coche, mi hermano no era muy hablador, pero yo siempre lo intentaba.
  • ¿Cómo estás?
  • ¿Yo? Bien, ¿por qué?
  • Se me ocurren un par de razones aunque la más evidente creo que es que tu abuelo está muerto, por eso vamos al cementerio, no vamos de visita turística-siempre le hablaba con esa odiosa ironía.
  • Estoy bien, a ir tirando.
  • Tendríamos que haber ido más a verlo, aunque no fuera del todo agradable.
  • Puede.
Eso fue todo lo que pude sacar en claro con él, llegamos al cementerio y buscamos el nicho donde hacía dos meses había terminado mi abuelo. Estaba enfadada con él, llena de ira en realidad, porque él había decidido alejarme de su vida, y por eso no había podido despedirme, no había podido decirle que le quería, que le echaría de menos, que había dejado un vacío en mi corazón, que nunca terminaría de sanar, aunque con el tiempo cicatrizara, le habría dicho mil cosas, todo aquello que me faltó, cosas buenas y cosas malas, pero ahora ya no tenían sentido, porque sin él no tenían sentido. Apreté el puño y me mordí el labio inferior, mientras mis ojos rezumaban infinidad de lágrimas que recorrían mis mejillas, rozaban la comisura de mi boca y aterrizaban en el suelo.
Respiré hondo, cerré los ojos y conté hasta tres, uno, dos, tres… me quedé observando fijamente su fotografía en blanco y negro, le miré fijamente a los ojos, y le perdoné, le perdoné por haberse ido sin avisar, sin decirme adiós, y le perdoné por todo lo anterior a ello.
Entonces mi hermano volvió de hablar con un amigo que había encontrado por el camino, vio mi estado y se quedó a mi lado, quieto, callado, así permanecimos una eternidad, aunque pareció un suspiro, hasta que empezó a hacer frío y volvimos a casa.
Cuando terminé de cenar me metí directamente en la cama, enterré la cabeza debajo de la almohada y decidí que, si no pude decirle todo lo que pensaba y sentía a mi abuelo, y que no podría hacerlo nunca porque ya no estaba, era hora de que tomara las riendas de mi vida, fuera valiente, y dijera a todo el mundo quién era, qué era lo que realmente quería, y empezara a luchar por conseguirlo.
Al día siguiente por la mañana reuní a mi familia en una habitación, y mientras restregaba una contra otra mis manos sudorosas, empecé:
  • Tengo algo que deciros…
Ese día volví a nacer.


A MAMÁ


La lágrima que muestra el sollozo oculto,
La sonrisa que enmascara el verdadero luto,
Aquello que deseamos pero no obtenemos,
El dolor angustiante por el cual perecemos.

Injusta vida, que nos engaña y cambia,
Cada invierno nos enfría más el alma,
Destino endiablado, atrapa nuestros sueños,
Ahorca los grandes, ahoga los pequeños.

Más, ¿vale la pena vivir?
La muerte es dulce, ¿por qué insistir?
Cada respiro es duro, porque en
el camino nada es seguro.

Pero de la vida diré a favor,
Que es bella si hay amor,
A pesar de su complejidad,
Él da la verdadera felicidad.

Aferrarte a cada destello debes,
Pues la luz es débil, pero el deseo
De vivir es fuerte, si no
Lo escuchas, se queda inerte.

La esperanza nunca pierdas,
Confía en mí, mientras a
La vida otra vez te aferras,
Encuéntrala, sincérate, ya no te mientas.

Linda mariposa siempre fuiste,
Ahora te ocultas tras la seda,
Sal de donde una vez surgiste,
Despierta los ojos, corta la tela.

De tu querida, querida hija,
Día y noche vigilo tus pasos,
Velando sofocada por ti,
Buscando el rasguño que te duele al sentir.

Pero no llores, no llores mamá,
Pues tu recompensa llegará,
A nadie cambiaría por ti,
Pues tú mamá, me enseñaste a vivir.

diumenge, 29 de març de 2015

POMPEIA



Corria, corria, però no podia escapar, eren més ràpids que jo, la vaig mirar als ulls, eren d'un color blau turquesa preciosos, com els meus, en canvi els cabells daurats eren de son pare. Em mirava, però al seu rostre no hi havia preocupació, més bé, el contrari.

-No podràs escapar!-Vaig sentir, no molt bé, a causa de la gent.

Ja arribava, era imminent... El fi del món ja havia arribat. La gent s'amagava a les cases o corria cap a la porta de la ciutat, però no hi havia escapatòria possible, per molt ràpid que pogueren eixir de la ciutat, les cendres del Vesuvi s'escampaven.

Liseo em va fregar la túnica, i vaig córrer més ràpid. Ja començava a caure cendra. Vaig entrar a ma casa amb els cabells blancs i tossint. Em vaig abraçar molt fort a la meua estimada filla i vaig esperar als nostres botxins. Van entrar els tres.

-Bé, t'he dit que no t'escaparies.-Va dir Liseo respirant amb dificultat.

Remus es va arrimar a mi i em va estirar del braç. Hèrmies va fer un pas avant i va dir:

-Ja saps el que hem de fer, hem de fer-ho pel bé de tots. Si no vols llançar-la tu al volcà, o farem nosaltres.

-No per favor!-Vaig suplicar -No té la culpa de res! Sols ha tingut la mala sort de tindre com a pare a aquell traïdor! Per favor germans, no podeu fer-me açò!

-Saps que sí podem! Si deixem que es salve morirem tots!-Va dir Liseo.

-Ja no hi ha escapatòria, morirem tots igualment, ja no val la pena!-Les meues súpliques no serviren de res. M'agafaren a Hel·lena dels braços i arrancaren a córrer cap al Vesuvi. Jo vaig córrer darrere d'ells. Com podia ser que aquell miserable, ens haguera traicionat així? Hel·lena tenia sols un any i mig. Jo m'havia casat amb el fill de Vesuvi, Erendaro. Aquest en veure que el seu descendent era xica va muntar en còlera i va enfadar també a son pare, que va estallar cobrint tota Pompeia de fum i cendra. L'única manera de solucionar-ho segons Erendaro era llançant a Hel·lena dins del volcà, per a que son pare la tancara en la cel·la més profunda de totes.

Remus,Liseo i Hèrmies eren els meus germans, i també els encargats de tirar a Hel·lena pel volcà.

Van arribar al cràter del Vesuvi, i van tirar a Hel·lena, i jo em vaig tirar darrere d'ella. El Vesuvi va parar d'escopir lava, sí, però el mal ja estava fet. Per això el Vesuvi encara emet sacsejos, som nosaltres que encara estem intantat eixir del volcà.

dijous, 26 de març de 2015

SOBRE UN CABLE

                                            
Desperté con un malestar considerable, tal vez por la resaca o tal vez porque era la sutil manera que tenía el universo de hacerme saber que yo no pintaba una mierda en este mundo. En fin. Me levanté como pude, dispuesto a recorrer la interminable distancia que suponía el pasillo de apenas tres metros que separaba mi habitación – si se podía llamar así – de la cocina. Milagrosamente llegué sin tener que hacer una parada en el aseo para vomitar. Bien, misión cumplida.
Entré en la cocina casi chocándome con la puerta más que abriéndola. Abrí la nevera y murmuré una queja al encontrármela casi vacía: dos yogures caducados, un par de cervezas y salchichas. Dieta mediterránea, sí señor. Decidí que tal vez sería mejor empezar la mañana con un cigarrillo, así que me acerqué a la encimera en busca de un mechero y me encontré una cafetera, todavía humeante. ¿Café recién hecho? Ah, claro. A veces olvidaba que compartía piso con Cris, joder.
-          A buenas horas tío. ¿Tú duermes o hibernas? – Dijo mi simpático compañero de piso detrás de mí.
-          Más bien creo que he resucitado. – Dije sirviéndome un café sin ni siquiera girarme para mirarle. – Según mi grado de resaca ayer me la debí pillar gorda.
-          ¿Saliste anoche? ¿Un martes? ¿Qué se celebraba?
-          ¿Martes? ¿Qué dices? Si ayer era… - Me di la vuelta para mirarle y callé, realmente no sabía ni en qué día vivía. Di un sorbo al café, esperando que ese silencio bastara para terminar la conversación. Pero no, el señor Pepito Grillo me tenía preparada otra de sus charlas.
-          Erick, mírate. – Empezó, con esa cara de entre lástima y asco que ponía siempre que me sermoneaba. – Estás hecho un desastre. Vives de noche y duermes de día, solo sales de aquí para beber y comprar tabaco, hace semanas que no te afeitas y cualquiera diría que es que acabas de volver de una isla desierta.
-          Gracias, amigo, yo también te veo genial a ti. – Me giré de nuevo, hacia el cigarro que tenía pendiente.
-          Tío, escúchame, quiero ayudarte, pero no me dejas. Además, tu cuarto parece Hiroshima. ¿Y cuanto hace que no haces la cama o cambias las sábanas?
-          No sé, tal vez desde que dormí con Sonia aquí la última vez. – Respondí gruñendo su nombre más que pronunciándolo. Qué asco me daba.
-          Eso fue hace casi un mes.
Le miré fijamente, con una expresión de entre desconcierto y odio. ¿Un mes? No, no podía ser, ¿tanto tiempo había pasado? Volví a mi café y a mi silenciosa resaca, esperando que, esta vez sí, se callara ese incordio llamado amigo. Pero no, por supuesto que no, él nunca acababa de sermonearme.
-          Mira, entiendo que estés mal porque la tía de la que estabas encoñado te haya dejado en extrañas circunstancias, pero ¿y qué? ¿Desde cuándo a ti esas cosas te duelen? – Bromeó. Aunque era cierto, de normal no me dolían esas tonterías.
-          Eh, cuidado chaval. Nada de encoñado, era ella la que venía siempre suplicándome. Y claro, yo no me podía negar a ayudar a una dama en apuros, por Dios. – Dije continuándole la coña.
Pero para ser sinceros, sí, hacia casi un mes que Sonia me había abandonado, por así decirlo. Hacía un mes que no me afeitaba, que no tenía contacto con mis amigos, que no estaba con ninguna tía y, por ultimo pero no menos importante, hacía un mes que mi habitación había dejado de ser humanamente habitable.
-          Mira, para que te calles de una vez, al menos por hoy, voy a cambiar las malditas sábanas.
Recorrí de nuevo el pasillo y entré en el desastre que tenía por habitación. Me planté delante de la cama, decidido y a la vez con el miedo de que me diera un derrame cerebral si me agachaba a quitarlas. Con este miedo irracional en la cabeza, tiré de todas ellas desde una de las esquinas de la cama, quitándolas de golpe y enrollándolas en mis brazos para no tener que hacer dos viajes hasta la lavadora. Y, joder, todavía olían a ella. O eso o me había vuelto loco. Quizá lo segundo, o tal vez era cosa de mi derrame imaginario, quien sabe. Entre estos pensamientos y la resaca que no me permitía estar de pie más de cinco minutos decidí recostarme un poco en la cama, así que me tumbé en ella o más bien me desplomé, todavía con las sabanas enrolladas en mis brazos. Cerré los ojos y me puse a recordar. ¿Cómo había llegado a esa situación cuando hacía apenas un mes estaba en ese mismo lugar tocando el cielo con una tia de la que ya no había vuelto a tener notica?
Poco a poco los recuerdos se fueron abriendo paso en mi mente entre las neuronas muertas de mi resaca. Sonia. La encontré y la perdí de la misma manera que a todas las demás. Pero no en la misma noche, como solía pasarme ocurrir. Ni siendo yo quien abandonaba la escena de crimen, sino siendo, por primera vez, la víctima. La recordaba bien, sí. Era guapa, guapa de cojones, bebía whisky como una mujer hecha y derecha y sonreía como una cría de cinco años a la que acaban de pillar haciendo algo malo. Maldita noche, maldito whisky y maldita sonrisa. Todo empezó así:
Entré al bar de siempre, donde nos reuníamos los colegas cuando había algo que celebrar y cuando no, donde fuera el dia que fuera sabías que ibas a encontrarte a alguien allí con quien charlar o simplemente beber a gusto.
-          Camarero, lo de siempre. – Dije al hombre de detrás de la barra nada más entrar por la puerta. Porque, señores, tu bar de siempre no es tu bar de siempre si no entras diciendo esta frase con aires de galán y, encima, el camarero te hace caso y acierta el pedido.
-          Marchando una Budweiser. – Respondió el hombre dejando en la barra el trapo que tenía en la mano.
-          Otra para mí. – Dijo desde el fondo del bar una voz femenina sin ni siquiera tener que usar un tono alto para ser escuchada. Instintivamente dirigí la vista hacia esa voz, casi celoso de que se tomara tantas molestias en mi bar, con mi camarero y con mi marca de cervezas favoritas.
Paseé la mirada por el bar hasta dar con ella. Ahí estaba, sentada en el fondo, con las piernas cruzadas, una belleza morena con tacones rojos a juego con sus labios. Conocía ese tipo de mujeres, atractivas, que van de provocadoras y autosuficientes y en realidad solo van en busca noche tras noche de un clavo ardiendo al que agarrarse. Así que, aprovechando mi experiencia con ese prototipo de mujer fatal, decidí acercarme y ser yo ese clavo ardiendo por una noche. Blanco fácil, ni siquiera me haría falta invitarla a una copa. O eso pensaba.
Escuché tras de mí la voz de mi viejo amigo el camarero. Nunca recordaba su nombre, y ni falta que hacía, nos única un vínculo más fuerte: el alcohol. Me giré de nuevo hacía la barra, cogí mi cerveza y la de mi victima de la noche y volví de nuevo a mirarla, acercándome a su mesa como si fúeramos viejos amigos.
-          Gracias por acercármela. – Dijo cuando llegué hasta ella y se lo ofrecí. Dio un trago. – Ahora fuera. – Dejó su bebida en la mesa y me miró, casi como sonriéndome. Lo dicho, prototipo de mujer fatal fallida, aunque estaba empezando fuerte.
-          Venga mujer, no seas así, solo vengo a hacerte compañía. Debería ser delito que las mujeres bonitas bebieran solas. – Empecé, haciéndome el simpático. Siempre funcionaba esa táctica.
-          No bebo sola. Espero a alguien. – Otro trago.
-          ¿A quién? – Si tenía pareja no me interesaba. Cabrón era, sí, pero respetaba ciertas normas, y la propiedad privada era una de ellas.
-          No sé, alguien que me entretenga por hoy, alguien que me pague las copas o simplemente alguien que me haga reír un rato y luego me lleve a su casa a pasar la noche.  O quizá me aburran todos y vuelva a casa, sola y borracha. Quién sabe.
-          ¿Y quién te dice que no pueda ser yo uno de esos alguienes a quienes esperas?
-          Bueno, sorpréndeme. – Sonrió. Y no sé por qué, pero supe que eso solo podía acabar de dos maneras: Muy bien, o jodidamente mal. Aunque la cosa estaba clara.
Tras esa primera cerveza vino otra, y otra y otra más, seguidas de varias rondas de chupitos. De esa noche no recuerdo nada más, y bueno, de nuestra relación – si se podía llamar así- tampoco. Fuimos como una de esas experiencias traumáticas, esas que sabes que te han ocurrido pero tu cerebro se niega a recordarlas con claridad porque sabe que duelen. Lo que sí recordaba perfectamente era su nombre: Sonia. Lo supe al despertar a la mañana siguiente en mi cama, solo, con una servilleta del bar encima de la mesilla, en la que estaba escrito su nombre y había dejado la marca de su pintalabios, . También recordaba su odiosa sonrisa, su asquerosa y profunda mirada y, sobre todo, sus curvas y la manera en la que yo las recorría derrapando cada noche. Lógico que me acabara estrellando.
El caso es que, durante el tiempo que pasamos juntos, creí que era ella quien iba detrás de mí, quien se tomaba aquella relación en serio. Pero ahora, desde lejos, veía cómo me la había jugado desde el principio. Claro que era ella quien me buscaba, apareía misteriosamente en la puerta de mi piso, pero cuando le daba la gana, sin avisar y sin dar explicaciones de de donde venía. Perfectamente podía venir de estar con otro que yo, contento y engañado, la recibía como si ella estuviera comiendo de mi mano. Qué golfa, y qué lista, como me la liaba para hacerme creer lo que le diera la gana. Venía, hacíamos como que nos queríamos un par de horas, a veces incluso repetíamos y duplicábamos el horario, y después se marchaba sin ni siquiera molestarse en poner una excusa y yo, claramente, no iba a preguntarle, ni que me importara. Hasta que una vez, después de varios días, semanas o meses o lo que quiera que durase aquella relación, se me ocurrió preguntarle que a donde iba, y su respuesta fue clara:
-          Ya nos veremos, Erick. Me lo he pasado muy bien. – Y desapareció de nuevo.
En aquel momento pensé que se refería al polvo,  pero pasó el tiempo y no volví a tener noticias de ella, ya no aparecía por mi piso, ya no la volví a ver en el bar. Me extrañó que ni siquiera me hubiera llamado o mandando algún mensaje, hasta que caí en la cuenta de que ni siquiera nos habíamos dado los números. Y ahí me empecé a dar cuenta de su pequeño gran engaño. Qué zorra, cómo me la había jugado. Solo tenía que hacerme ver que era yo quien dominaba la situación y era ella quien venía detrás de mí cuando, en realidad, no le había falta ni buscarme, simplemente sabia donde encontrarme y aparecía cuando le venía en gana.
Me quedé jodido, claro que me quedé jodido. No sabía si por orgullo o por esa tontería que llaman amor pero el caso era que ahí estaba yo, acurrucado en la cama, abrazando unas sábanas que me recordaban al perfume barato de la tía que me había vaciado tanto los huevos como el corazón. Pero nunca admitiría esto último, por supuesto.
Pasó el tiempo, y creí que iba a mejor. Volví al trabajo ante el “amable consejo” de mi jefe de que, o volvía de inmediato a recuperar las horas perdidas o me ponía de patitas en la calle, dicho de forma sutil, claro. También volví al bar de siempre, quizá porque ya no me divertía beber solo o porque las conversaciones intrascendentes de mis supuestos mejores amigos me mantenían la mente ocupada durante unas horas. Pero, en realidad, mi interior seguía ahí, en posición fetal en esa asquerosa cama tantas noches compartida con ese demonio de labios rojos, y no podía evitar sentirme un desgraciado. Pero juro que intenté, por todos los medios que mi decadencia me permitía, volver a ser el tío de siempre, con sus colegas, su trabajo, sus ligues de una noche y su ego por las nubes. Pero no, no hubo manera de mejorar. Sino, más bien, todo lo contrario. Me acabaron despidiendo del trabajo por “falta de iniciativa”. Joder, tenía gracia, hasta la carta de despido parecía un chiste, “falta de iniciativa”, como si trabajar en una oficina cagando informes ocho horas cinco días a la semana fuera lo más divertido del mundo. ¿Qué se creen? Pretenden tenernos a todos encerrados en minúsculos cubículos frente a un ordenador día tras día cobrando una miseria y, encima, pretenden que todavía tengamos alma. Por Dios, así no había quien se tomara la vida en serio.
Por si no fuera poco, mi cabreo por el despido sumado a mi latente decadencia esparció mi desgracia al resto de ámbitos de mi vida. Discutía con Cris continuamente porque, era cierto, no dejaba que me ayudara. Pero es que no necesitaba ninguna ayuda, ni mucho menos que sintieran compasión por mí. El hecho de que me cerrara tanto y me volviera tan hermético con mi mejor amigo hizo que, al final, una pequeña y estúpida discusión fuera la gota que colmara el vaso, haciendo que Cris acabara optando por marcharse del piso.
-          ¿No querías espacio? Pues toma espacio, me largo. Ahí te quedas. – Fue lo último que dijo antes de salir por la puerta. Ni siquiera intenté detenerle, ni pedirle perdón, ni mucho menos mostrarme mínimamente arrepentido. Total, no le necesitaba. Ni a él, ni a mi antiguo trabajo, ni a Sonia. Joder, otra vez ella por mi mente.
La noche del día siguiente de esa última discusión con Cris, fui al bar como siempre. Entré y me senté en la mesa donde estaban mis alcohólicos compañeros de siempre. Quienes me recibieron haciendo un silencio incomodo al verme llegar.
-          ¿Cómo tú por aquí? – Empezó uno, seguramente en el tono más simpático que pudo.
-          En casa no quedaba cerveza, a algún sitio tenía que venir. – Dije en un intento de bromear para romper el hielo. Pero la reacción fueron solo más malas caras, entre ellas, la de Cris. – Ey tío. – Dije dirigiéndome a él, intentando parecer amable pero sin poder evitar ese deje de prepotencia tan mío. - ¿Ya has encontrado piso nuevo?
-          Eres gilipollas, y lo peor es que ni siquiera te das cuenta. Eres demasiado perfecto como para que el mundo lo sea suficiente para ti. Tu trabajo de mierda no era suficiente, ni siquiera nosotros, tus amigos de siempre, merecemos tu grata compañía, ¿verdad? – Dijo escupiendo cada palabra como si de una bala se tratara, en un claro intento, fallido, de hacerme daño. Pero lo cierto es que nunca lo había visto tan alterado. – Mira, que paso, que ya me da igual. – Se levantó de repente. – Me voy a fumar, espero no verte nunca más.
Se fue sin decir nada más y yo me quedé ahí, sentado, mirando la silla vacía que había dejado. De pronto, el resto de la mesa también se levantó y salieron todos por la puerta. Algunos se atrevieron a dirigirme una mirada de compasión, como lamentándose de tener que elegir entre Cris y yo. Otros, simplemente, salieron de allí lo más rápido posible para evitar ese ambiente tan cargado de malas vibraciones. Me acabé mi copa de un trago, me levanté dejando la mesa vacía y pagué la ronda de todos con lo poco que me quedaba de dinero tras el despido, como último homenaje a quienes habían jurado ser mis amigos.
Al principio, como cuando lo de Sonia, no me di cuenta de lo jodido que estaba. Pero esta vez era un dolor diferente, esta vez era culpa mía aquella situación. No sabía cómo, pero me las había apañado para perder mi trabajo y mis amigos en la misma semana, nuevo record.
No fui consciente del abandonado que me encontraba hasta que me vi solo en el piso, sin nadie que me echara la bronca, sin nadie con quien beber y reírme un rato. Ni siquiera me di cuenta de lo dependiente que era de mi mejor amigo hasta que tuve que poner la lavadora por primera vez y, por qué no decirlo también, hasta que tuve que pagar las facturas y vi que no tenía ni para pagar mi antigua parte.
Pasaron los días y todos eran iguales. Cada día era una mala o peor repetición del anterior y yo ya no sabía ni qué hacer conmigo mismo. Estaba asqueado, sí, asquead y jodido, en todos los ámbitos de mi vida. Y en un intento desesperado por encontrar una solución a mi decadente vida, un día salí de casa, sin dinero, sin móvil y creo que incluso sin llaves. El caso es que salí de casa, y hasta ahí todo claro, porque ni siquiera sabía cuál era mi intención. ¿De verdad pensé por un momento que la solución al desastre en que yo solito me había metido la iba a encontrar ahí, en medio de la calle, en forma de señal divina? Irónicamente, sí hubo señal divina, pero no la que esperaba. Se puso a llover de repente y, no sé por qué, eso me cabreó.
-          ¿En serio? – Grité al cielo en mitad de la calle, con los brazos en cruz y notablemente molesto. Hasta el cielo se reía en mi cara, se meaba de la risa ante mi desgraciada desesperación, y todo lo que podía hacer era gritar en medio de la calle y esperar que con suerte la gente que pasaba por mi lado me tomaran por loco y no me dieran una hostia, por gilipollas.
Gilipollas, esa era palabra. Me había convertido en un completo gilipollas, más aún si cabe. Lo había perdido todo y no había intentado impedirlo. Le había fallado a mis amigos sin darme cuenta o inconscientemente a posta, quien sabe.
Y ahí me encontraba yo, bajo la lluvia, esperando que alguien viniera a salvarme o matarme de una vez por todas, porque ya no me quedaba nada por lo que vivir. Pero, de repente, una idea se me cruzó por la cabeza: Si la última vez que vi a mis amigos fue en el bar, quizá todavía seguirían yendo allí.
Corrí hacia el bar y entré de golpe, empapado y con el corazón a mil. Les busqué en todas las mesas. No estaban.
-          ¿Qué te pongo, chico? – Dijo una voz que no conocía detrás de la barra. Habían cambiando al camarero, a mí camarero. Definitivamente, yo ya no pertenecía a aquel lugar, o él ya no me pertenecía a mí.
Salí de allí tan rápido como entré, encontrándome de nuevo solo bajo una lluvia que parecía disfrutar de la escena.
-          ¿Y ahora qué, eh? ¿Algo más? – Volví a gritarle al cielo, como esperando una nueva burla. Y éste me respondió con un trueno seguido de un relámpago que parecía apuntar en una dirección concreta: Un parque dos calles más allá del bar.
Instintivamente salí corriendo hacia allí, no sabía qué buscaba ni qué esperaba encontrar, per sabia que tenía que ir. Llegué en dos segundos, acompañado todavía por esa maldita lluvia y allí me planté, en medio de un parque al que hacía siglos que no iba. Fue donde empecé a juntarme más con Cris, hacía ya varios años. Solíamos sentarnos en algún banco, fumar y hablar de tonterías, sí, pero lo pasábamos bien y al fin y al cabo en eso consiste la amistad. Con estas ideas y recuerdos por mi mente paseé por aquel parque que ya tenía casi olvidado. Llegué a una marquesina que cubría un par de bancos y en uno de ellos distinguí la sombra de alguien, de alguien conocido, Cris. Me senté a su lado
-          ¿Qué haces aquí? – Pregunté sin mirarle.
-          Esperarte. – Contestó. En el mismo tono que yo, y también sin mirarme. – Llevo viniendo aquí casi todas las tardes desde que discutimos la última vez. No es un mal sitio, se está tranquilo y además se ve la puerta del bar, dos calles más allá, así que te podía vigilar por si volvías a pasar por allí. La pregunta es: ¿Qué haces tú aquí?
-          No sé.. hubo un rayo que vino aquí y.. en fin, dejalo, no vale la pena. Oye que.. quería hablar contigo sobre lo que pasó y sobretodo, pedirte perdón.
-          ¿Tú? ¿Pedir perdón? Desde cuando haces tu esas cosas, si para ti solo vales tu y tu ego.- Se levantó y yo agaché la cabeza asoliendo lo que me dijo, se quedó detrás de mí y me abrazó.

Solo nos bastó eso, sin poder evitarlo empecé a llorar arrepintiendome cada día de lo que hice desde que conocí a esa chica con los labios que más me habían incitado a besarla en el mundo.
-          Eres un imbécil, un auténtico imbécil, pero ante todo eres mi amigo y siempre voy a estar aunque sea en la sombra para vigilarte y ver cómo te va, para que cuando estés triste, nunca estés solo.

Después de eso, volvímos a nuestro bar, nuestro pequeño antro, llamamos a todos los demás y volvimos a emborracharnos como si no hubiera mañana para disfrutar de cada momento que pasamos juntos, único, irrepetible e inigualable.