dimarts, 31 de març de 2015

Una historia cualquiera


Vuelvo a casa un día cualquiera después de terminar la universidad. Como, hago los deberes, me pongo el pijama. Leo. Me duermo. Sueño cosas preciosas, cosas preciosas que nunca ocurrirán en la vida real. Me gustaría.
Me vuelvo a dormir. Esta vez, está todo oscuro, no sueño nada…
Me despierto con una agradable sensación, me quedo en la cama tumbada, intentando recordar esos sueños. Pero, me resulta imposible ya que me olvido cuando entra Droplet. Mi border collie; es preciosa, su color blanco avainillado, con pequeñas manchitas marrones. Una de ellas, con forma de gota - que de ahí viene su nombre - está alrededor de su pardo ojo izquierdo.
-¿Cómo  está  mi chica?, venga -le digo-, seguro que  tienes  las  mismas ganas de almorzar que yo - mientras, la acaricio lentamente pensando qué preparar -.Vamos.
            Entre tanto, doy de comer a mi peluda compañera de piso, le pongo en el bol su desayuno y voy directamente a hacerme el mío. Por supuesto, me he lavado las manos antes.
            Normalmente, me apetecería un tazón de leche con cereales. Hoy no. Creo que me voy a hacer un zumo de naranja. Y tostadas; para variar un poco de vez en cuando.
            Mientras como, enciendo la televisión para ver las noticias. Normalmente no tengo mucho interés  por ellas, pero me llama la atención  que anuncien mi barrio. La chica que lo anuncia, va vestida muy extraña, extravagante y singularmente:  un vestido morado, con adornos amarillos y verdes. Zapatos naranjas y unas pulseras azules; no se quién la ha vestido, pero no estoy muy de acuerdo.
-Ha habido cuatro atracos en una semana, dos de ellos en la calle 42. Falleció con heridas muy graves un dependiente - me doy cuenta de que está hablando cuando acaba de dar la noticia. Estaba ensimismada y no es que me haya enterado de mucho, y decido buscar esa noticia por Internet.- que intentaba proteger sus ganancias. La familia está muy afectada - apago la tele, no me entretengo más.
Cuando acabo, limpio los platos sucios y me dirijo hacia mi habitación. Allí me visto, hago la cama y salgo al baño a peinarme. Como hace un buen día, decido salir a pasear con Droplet.
Nada más salir, nos encontramos con un perro que me resulta muy familiar.
            -¡Bonito, vuelve aquí, no quiero que te pierdas!
-Shh, Droplet, solo es un perro, no le ladres.
-Bonito… - ella me ve, está alta, pero su cara sigue igual. Me mira con una cara extraña, será que tengo la cara desencajada de la ilusión. ¡Hace tanto tiempo que no la veía! - ¡Light!, ¡Light!
-¿Lucy?, ¡Lucy!  - exclamo -, que alta estás - mientras lo digo, voy pegando saltitos de la emoción -, ¿tú también vives aquí?
-Oh, venga Light, solo han pasado dos añitos de nada, seguro que no ha sido para tanto.
-Aix, tan singular como siempre; pues sí, te he añorado.
-¿Seguro?
-Sí, incluso he llorado por tu desaparición. No, en realidad he estado fuera. Ya hace un mes que vivo aquí  ¿Y  tú?
 -Yo hace seis meses que me instalé aquí. Surgió trabajo, y vine. Actualmente, el trabajo que tengo es desde casa.
-Pero si trabajas con tu ordenador en casa, ¿por qué te mudaste?
-Por necesidad. Por necesidad y por dinero. Pero bueno, ¿tu estás bien?
-Sí - contesto sin más. En realidad, no me va tan bien. Tengo la familia al otro lado del continente. Espero ir a visitarla pronto-.
-Yo tam0bién.  Es  lo  que  cuenta.  Y  bueno,  yo  me  despido. - Parece  intranquila,  no  sé,  tiene  la  mirada  como…  perdida -  ¡Hasta  luego!
-¡Adiós,  disfruta  del  día!  - No  me  voy  tranquila,  pero  el  día  mejora  a  cada  hora  que  pasa-,  vamos  Droplet,  continuemos.
            Luego,  todos  los  días  eran  así.  Levantarse,  desayunar,  vestirse,  asearse,  ir  a  clase,  estudiar,  volver  de  clase,  comer,  pasear  a   Droplet,  etc.  Hasta  la  navidad.  Siempre  se  oían  disparos  por  las  noches,  por  suerte  solo  eran  bolitas  de  plástico.
            En  la  universidad,  propusieron  hacer   un  viaje  de  fin  de  curso.
            Cuando  volvimos,  había  policías  por  todas  partes,  y  sus  coches  no  nos  dejaban  pasar,  así  que  nuestro  profesor  bajó  del  autobús  para  saber  que  pasaba  y  para  pedir  a  los  agentes  dejarnos  pasar.  Su  conversación  empezó  muy  educada  y  muy  formal,  un  compañero  del  policía,  se  acercó  y   susurró  algo  a  la  oreja  a  su  amigo.  Este,  inmediatamente,  pegó  una  bofetada  a  nuestro  profesor  y  le  puso  las  esposas.  Estábamos  asustados.   No  sabíamos  lo  que  pasaba.
            -No  salgan  de  sus  casas,  si  lo  hacen,  están  muertos.  No  comprendemos  qué  está  pasando, solo sabemos que es algo muy malo, hay personas con capuchas y pasamontañas negros. Llevan armas - Recuerdo esa noticia como mi propio nombre, no hace mucho que la he escuchado. No sé dónde estoy. En mi casa, está claro que no -. Mucho cuidado.
            Alguien me lame la cara y yo me tengo que apartar porque me molesta. Al sacar el brazo de la manta, noto pelo.
-¡Droplet! -Mi peluda amiga, me vuelve a mojar la mejilla con su baba. -, ¿qué ha pasado,?, ¿dónde estamos?
Al levantar la vista, veo un montón de cuerpos tirados por el suelo - igual que yo - son mis compañeros. Empiezo a oír susurros, estamos atrapados. Alguien nos debía de haber llevado hasta allí sin esfuerzo. El autobús. Caigo enseguida en lo que ha pasado. Esos policías nos buscaban. Nos querían para algo.
-Chicos y chicas, estáis aquí, y estáis asustados, lo sabemos - de fondo se oye a alguien que pregunta qué significa <<sabemos>>. ¿Es que hay alguien más?  - y por eso he venido a explicaros qué pasa.
Me pregunto por qué tengo conmigo a Droplet. Yo me la dejé a salvo, en casa. ¿Habrán localizado mi hogar? Seguro. No la tendría aquí si no fuera por eso. Pero no lo entiendo. ¿Porqué me la han traído?
Dos días más tarde estoy en una habitación del hospital. Droplet está en la camilla contigua. Me levanto, la cojo y salimos a la calle. Voy dando tumbos hasta llegar a mi casa. Una vez allí, rebusco entre cajones y miro si falta algo. Entonces, alguien entra por la puerta. Lucy.
-¿Cómo has entrado?
-Te has dejado la puerta abierta - contesta mientras la cierra. No me había dado ni cuenta -. ¿Qué está pasando?
Yo no la oí, iba a la mía, buscando y recopilando previsiones, ropa, comida, la comida de Droplet y por si acaso, mi teléfono. Me dirijo hacia la entrada cuando Lucy me asió por el brazo.
-Light, Light, tranquilízate, ¿vale?, respira. A ver, cuéntame  exactamente qué te ha pasado. Te he visto por la calle caminando en un vaivén hasta tu casa.
-Suéltame.
-No. No hasta que me cuentes lo que ha pasado.
-Vale, vale, uf, es una larga historia. De acuerdo, a ver - intento relajarme, pero no puedo, no puedo.  Porque sé lo que está pasando.-, nos fuimos de excursión de fin de curso de la universidad. Cuando volvimos unos policías no nos dejaban pasar, así que nuestro profesor, salió del autobús para pedirles que se apartaran. Uno de ellos, dijo algo al que hablaba con nuestro profesor. Luego arrestaron a nuestro tutor y de  repente nos encontrábamos en una especie de fábrica, todos en el suelo - Lucy me miraba atentamente, esperando a que le contara la siguiente escena -  luego oí como una noticia que no paraba de sonar en mi cabeza. Decía que no teníamos que salir de nuestras casas, que si salíamos, estaríamos muertos. Había hombres vestidos con pasamontañas y, y… y capuchas de color negro. También dijo algo de que también tenían armas. Armas de fuego. Yo estaba muy asustada, mareada e indefensa - ahora en la cara simpática de mi prima, se plasmaba la incredulidad, no se lo creía  -  Ahora, ¿me sueltas?
Ella me suelta y se sienta al borde de un sillón rojo chillón, con dos cojines blancos con encaje dorado.
            -De acuerdo - se limita a decir. Se levanta, da tres vueltas a la habitación y se vuelve a sentar.
            Estamos en mi comedor. Tiene unos colores pastel muy bonitos. Verdes, rosas, morados… con ventanales tapados por cortinas blancas casi transparentes. Por ellos, entran los rayos del sol intensamente. Tengo un sofá rococó de un color blanco brillante. En una esquina, hay un diván color crema, esperando a que alguien se siente encima. Mi prima pasa de ese sillón color rojo chillón que parece desencajar en esta habitación, a uno orejero. Tiene detalles marrones bordeando sus formas. Las patas son del mismo color. En el centro de la habitación, hay una mesa minimalista, blanca, como casi todo lo demás. Estamos esperando a nuestros amigos, les hemos llamado para pedirles ayuda. Seguramente estarán de camino. Mientras, encendemos la televisión y ponemos las notícias, ahora mismo están haciendo anuncios, por lo tanto, no sabemos si han descubierto algo de lo que ha pasado.
-Están aquí -dice mi prima-, ahora vengo.
-¿Cómo lo sabes? - pregunto.
-Me han mandado un mensaje.
-Ah - en ese momento, suena el timbre - pues bueno, ves.
            Se oyen voces en el pasillo, entonces entran con mi prima. Drumplet, que estaba a mi piernas, ha ido a saludarles.
-¡Hola Light!, ¿nos necesitabas? - dice Charles, es un tipo alto, con ojos marrones, pelo rubio y rizado.
-Os necesito - Le corrijo.
-Mmm…- vacila - de acuerdo, dinos que quieres que hagamos y, bueno, lo hacemos.
-No, no se trata de… hacer y...y ya está - me explico. En realidad, no tengo todavía claro que vamos a hacer -. A ver, de momento, nos vamos a quedar en casa. No sabemos que está pasando, por eso hemos puesto las notícias, para averiguar algo, pero, por lo visto, un anuncio de crema para reducir arruguitas no creo que nos ayude. Podemos quedarnos, si hace falta, aquí a dormir. Hay tres habitaciones, somos seis: Jack, Eric, Charles, vosotros dormís en la habitación que da a la izquierda después de este pasillo. Bea, Lucy y yo, dormiremos en mi habitación; allí tengo un sofá-cama. Bueno, ahora podéis hacer lo que queráis hasta que anochezca.
            Al día siguiente, decidimos salir hacia la carretera.
-Por cierto, ¿dónde tienes pensado ir?
-Ummm -Creo que no se que decir, así que hago que me diga sitios al azar y yo poder decidir donde ir- Adivinalo.
-No se… ummm… ¿A la cafetería Coofee & Cookies? -de acuerdo, vayamos allí. Es un sitio relajado y apartado de la ciudad. Justo donde necesitamos.
-¡Exactamente! Que rápido has sido -disimulo-, ¡como un rayo!
-Ya lo se, es talento natural -se burla Eric.
-Basta ya de tonterías -Jack se asoma por detrás de los últimos asientos del coche de Bea-, tenemos trabajo. Además, ya tenemos bastante con el tráfico...
-De acuerdo -decimos todos al unísono. Eso desata unas carcajadas y risotadas que resuenan por todo el vehículo.
-Esperad, esperad, esperad - dice Lucy repetidamente, parece alterada- Bea, para el coche.
-De acu… ¿Pero qué?
            Hay un accidente a por lo menos a treinta metros de nosotros, así que nos acercamos lentamente. Dejamos el coche cuando estamos a quince metros y bajamos.
-Por favor apartaos- un agente nos corta el paso. Ya no me fío de estas personas. Ya no desde que le pegaron a nuestro profesor y nos encerraron en aquella fábrica sucia. Desde ahí, todo se volvió extraño, e inentendible.-, esta es una zona restringida.
-De acuerdo, pero dinos que pasa -le pregunta Charles al policía.
-Ha habido un accidente, ¿no lo ves?

Por el rabillo del ojo, vi una mujer de pelo rubio, y se parecía a ella…  Una lagrima se escapó de mis ojos. Le reconocí.